Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
Historia general del pueblo dominicano 335 en realidad ocultaba un repliegue táctico del reformismo ante la hegemonía del partido blanco. Las tensiones internas en torno a grupos reconocidos como «tendencias» tuvieron a la larga resultados catastróficos en el PRD, además de que forta- leció la política faccional en el desarrollo del incipiente sistema de partidos 41 en el país. Esto así en la medida en que el PRD no solo representaba institu- cionalmente al grupo en el poder, sino que nucleaba un amplio movimiento político y social de factura democrática. La lucha faccional así planteada produjo un fenómeno político complejo y todavía hoy poco estudiado. Reducirlo a la disputa de liderazgos —que lo era— no permite apreciar el conjunto de elementos que en el mismo interve- nían y la amplitud de los problemas que involucraba. Veamos el problema con más detalles. Con la lucha de tendencias se instaló en el PRD la práctica de facción. La lógica faccional, por lo general, tiende a producir la coexis- tencia de cuasi-partidos en el interior de una sola organización. 42 Ello tiene un claro correlato político: anula con el tiempo la eficacia de la acción del partido ante la sociedad y quizás, lo que es peor, traslada la lucha faccional a la dinámica del conjunto de organizaciones de la sociedad civil sobre las que el partido tiene influencia. Con ello en el mediano y largo plazo el partido tiende a anularse en su discurso propio frente a la sociedad. En el caso del PRD en el poder, la segunda consecuencia de la lucha fac- cional es que traslada a los aparatos de Estado la batalla partidaria interna, con la consecuencia natural: anula la eficacia de la acción de gobierno al no poder lograr, de un lado, un acuerdo funcional entre la facción parlamentaria del partido gobernante y el equipo de gobierno. Por otro lado, la lucha de facciones en el partido gobernante, al menos en el caso del PRD en el poder, produce un claro distanciamiento que entorpece las relaciones políticas entre el partido como aparato y el equipo de funcionarios y técnicos que gobiernan a nombre del presidente y, en principio, deben representar al partido. A partir de la experiencia del PRD en el poder entre 1978 y 1986 se articuló en la tra- dición política dominicana una clara ruptura entre el partido que alcanza el poder y el aparato tecno-político que pasa a gobernar en torno al presidente electo. Es preciso indicar que, bajo la premisa de la lucha de tendencias en el partido gobernante, la transición democrática asumió una dinámica insti- tucionalmente frágil en lo que se refiere al equilibrio político. Mientras en el régimen autoritario balaguerista el equilibrio de fuerzas en el Estado se establecía en torno a la lucha de tendencias militares, siendo el presidente el
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