Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
Historia general del pueblo dominicano 325 Mientras tanto, la situación internacional y nacional estaba cambiando aceleradamente. A ello se suma el hecho de que ya en ese momento otro grupo muy amplio de oficiales —en realidad la mayoría— rechazaron la intentona golpista. Lo mismo hizo el general Enrique Pérez y Pérez, jefe de la Primera Brigada del Ejército, 16 a lo que se unieron generales como Valdez Hilario, sub- jefe de Estado Mayor del Ejército y el almirante Amiama Castillo, subjefe de la Marina. A lo dicho hay que agregar la acción del llamado Grupo de los Coroneles, integrado por muchos oficiales con rangos menores al de general. Es poco conocido el alcance de este grupo, pero es muy probable que tuviera a su vez contactos con la misión norteamericana en el país. Este grupo no tenía una clara dirigencia, pero todo indicaba que lo unía su inconformidad con el ma- nejo extremadamente político que de las Fuerzas Armadas estaban haciendo los generales cercanos a Balaguer. 17 Sin embargo, los acontecimientos del 17 de mayo impulsaron a este grupo a dar pasos más firmes y claros de apoyo a un gobierno surgido de las elecciones no presidido por Balaguer. El grupo de oficiales terminó siendo identificado como el Grupo 19 de Mayo. Todo parece haberse decidido en la larga reunión-almuerzo que los ge- nerales sostuvieron el 19 de mayo en la que el grupo golpista (los «duros») quedaron en minoría. La decisión de rechazar el golpe de Estado claramen- te estuvo condicionada por determinantes diversos, desde las personales en torno al futuro profesional de la mayoría de oficiales, como realistas en el sentido de un frío aquilatamiento de los hechos, pues ante unas Fuerzas Armadas divididas y un poder imperial en contra, era difícil que la opción golpista tuviera éxito. A lo que se suma el rechazo a dicha acción por parte de la sociedad dominicana. Acordaron, entonces, en una medida un poco retórica, mantenerse vigilantes y esperar un año para ver la acción del nuevo gobierno y decidir en ese caso cuáles medidas adoptar. Después de esa reu- nión pasó mucho tiempo sin que la JCE declarara formalmente un ganador, mientras Balaguer mantuvo un largo silencio hasta el 26 de mayo, tras un telegrama escrito en un lenguaje elíptico donde felicitaba a Guzmán por su triunfo. Claramente, el caudillo autoritario de alguna manera escamoteaba la aceptación de la victoria del PRD. Pero las presiones militares sobre Antonio Guzmán y el PRD no se detu- vieron en la aceptación a regañadientes por parte de Balaguer de la victoria del partido blanco. Después de un par de reuniones con Balaguer y una con el alto mando militar, al acercarse agosto había pocas dudas en la oficialidad militar de que Guzmán sería investido presidente. A partir de ese punto, la cuestión dejó de ser si Guzmán se juramentaría como presidente, sino cuáles
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