Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
324 Los gobiernos del Prd: 1978-1986 . Transición democrática, movilización popular y crisis económica su resistencia al cambio, en caso de que triunfara el PRD. Sin embargo, llega- do el momento de la verdad, todo indica que la compactación de la opinión militar se fracturó. Pese a que en el alto mando de las Fuerzas Armadas hubo un núcleo duro de generales que favorecían desconocer los resultados electorales que dieron la victoria al PRD, en la mayoría de la oficialidad primó la idea con- traria: aceptar los resultados electorales y negociar con el PRD. Esa fractura se explica en la conjunción de diversos factores. Por lo pronto, era cada vez más generalizada la idea de que el propio Balaguer no estaba de acuerdo con una solución de fuerza y que los militares norteamericanos y la propia Casa Blanca en Washington tampoco favorecían esa línea de acción. A ello se une el hecho de que en muchos de los oficiales había inconformidad con los privi- legios que los veteranos generales de la línea dura habían tenido durante los Doce Años de gobierno de Balaguer, vale decir, había una disputa interna, en parte de tipo generacional, en parte producto del manejo mismo del juego de facciones militares y el tráfico de privilegios. 14 Al otro día de las elecciones, el 17 de mayo, todo el país estaba en ascuas. El conteo de votos en la JCE había sido detenido por un grupo de militares. El responsable de esa acción fue claramente el jefe de la Policía Nacional general Neit Nivar Seijas, apoyado por el propio secretario de Estado de las Fuerzas Armadas Juan René Beauchamps Javier, el jefe del Ejército general Marcos A. Jorge Moreno, el jefe de la Marina almirante Francisco Javier Rivera Caminero y el jefe de la seguridad presidencial Mélido Marte Pichardo. Atkins 15 indica que a estos generales les tomaron por sorpresa los resultados electorales que se venían divulgando, sobre todo en Santo Domingo donde la ventaja del PRD era abrumadora, por sobre la del partido oficial (PR) de Balaguer. En esa línea de acción los militares pasaron a controlar las transmisiones de la radio y televisión oficiales, pero la prensa como tal no fue afectada. En todo esto, todavía hoy el papel de Balaguer en esta crisis no está del todo claro. Atkins sugiere tres hipótesis: Balaguer estaba enterado de todo, controlaba la situación y autorizó, en consecuencia, la acción de Nivar Seijas. Los militares decidieron así, por propia cuenta, intervenir con la oposición de Balaguer; o simplemente Balaguer nunca estuvo enterado hasta que los hechos se consumaron. Parece poco probable la hipótesis tercera, lo que re- duce el asunto a dos, pero es muy difícil imaginar que Nivar Seijas y su gente actuaran en abierta oposición a Balaguer. Por lo tanto, nuestra conclusión es que muy posiblemente Balaguer autorizó —muy en su estilo elusivo— algún tipo de acción de ablandamiento o tanteo, que los militares «exageraron» o interpretaron como una línea de mando golpista.
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