Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
Historia general del pueblo dominicano 301 Entre el alcance y los propósitos de las referidas leyes destacan: «i) las áreas arroceras, irrigadas por canales del Estado, en las cuales se limitó la tenencia privada hasta un máximo de 500 tareas; ii) la recuperación de las tierras del Estado en manos de particulares; iii) la captación de las tierras bal- días, para declararlas de interés público y dedicarlas a la explotación bajo la reforma agraria; y iv) la ley sobre los latifundios». 4 Otras leyes y decretos establecieron medidas adicionales: el 80 % de las tierras irrigadas por los canales construidos por el Estado pasarían al IAD para ser asignadas a la reforma agraria y, junto a las de la ley arrocera, serían utilizadas en asentamientos colectivos; se podían expropiar las tierras aptas para la agricultura que estuvieran siendo destinadas a la ganadería, o aquellas que estuvieran bajo el régimen de aparcería, que pretendía ser abolido. Obsérvese que por medio de los asentamientos colectivos se llevó a la práctica en la agricultura algo impensable en los demás sectores de la econo- mía: el desarrollo de grandes fincas operadas directamente por el Estado. En el informe indicado de Onaplan se expone la siguiente relación de tierras que habían sido captadas hasta el 28 de octubre de 1974: a) Tierras declaradas baldías 519,331 tareas b) Latifundios declarados 1,014,262 tareas c) Tierras del Estado en manos de particulares 1,211,427 tareas d) Tierras arroceras detectadas 464,217 tareas e) Tierras de cuota parte 46,934 tareas Total 3,256,171 tareas Algunas de estas extensiones fueron expropiadas forzosamente y com- pradas de forma voluntaria, particularmente las arroceras, que eran las de mayor valor comercial. Al final no todas fueron distribuidas, sino que una gran parte permaneció bajo administración del IAD, y con el tiempo fueron sometidas al mismo proceso de expoliación y raterismo de que fue víctima el patrimonio estatal en los demás sectores de la economía. En la medida en que la agricultura dejó progresivamente de ser una fuente rentable de generación de ingresos, hasta los propios campesinos asen- tados fueron abandonando la actividad y emigrando. Muchas de las tierras distribuidas, de las haciendas que tenía Trujillo en las provincias cercanas a la ciudad de Santo Domingo, fueron luego traspasadas a integrantes de la clase media urbana.
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