Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
300 El desarrollo económico interno en la época post-Trujillo la ganancia. Esta política tuvo efectos perversos permanentes incluso para el medio ambiente, pues las plantaciones de café y cacao constituían una parte fundamental de la capa forestal del país, las cuales con el tiempo se fueron degradando o abandonando. Ahora bien, el Estado sí hizo un esfuerzo por garantizar la autosuficien- cia en un par de renglones básicos para la alimentación del país. El arroz y la avicultura (pollo y huevo) fueron los únicos renglones en permanente ex- pansión, a pesar de la decadencia de muchos otros. Como el Banco Agrícola no tenía recursos suficientes para financiar la agropecuaria en su conjunto, fue concentrando su crédito en el arroz y la avicultura. La asistencia técnica y el riego, áreas en las cuales se hicieron importantes inversiones públicas, también se fueron focalizando en incrementar la producción de arroz. Pero el país dejó de exportar algunos bienes agropecuarios, sobre todo el banano, y pasó a ser importador de otros que antes producía, incluso de gran importancia en la estructura económica, como la leche, el aceite, los frijoles y los bulbos. El maíz y el maní virtualmente desaparecieron de la estructura productiva. Con el tiempo, hasta el azúcar se importaría. A las plantaciones arroceras también se les dedicó el mayor esfuerzo de la reforma agraria. Congruente con el paradigma dominante en esa época, que atribuía a la dicotomía latifundio-minifundio la responsabilidad de la mayor causa de los desequilibrios sociales, del uso irracional de la tierra y del atraso económico, se planteaba la redistribución de la riqueza agrícola como medio de redención social y de crecimiento económico, por lo que se puso un empeño especial en la reforma agraria. En ese aspecto coincidían las ideas del pensamiento de izquierda y de la derecha menos radical. Efectivamente, los datos censales mostraban una fuerte concentración de las mejores tierras productivas. Mal podría pensarse que fuera de otra manera, en una sociedad caracterizada por las disparidades sociales y en la cual la agropecuaria había sido históricamente la fuente más importante de generación de excedentes. Anteriormente era en ese sector (y en la política) que se gestaban las fortunas. En ese sentido, los diferentes gobiernos de esa época, incluyendo al Dr. Balaguer, se trazaron una política de reforma. El Instituto Agrario Dominicano fue creado en 1962 y de inmediato comenzaron los asentamientos, aunque a muy pequeña escala y primeramente en tierras del Estado. En 1964, durante el Triunvirato, se habían distribuido 1,607 parcelas con 163 mil tareas. Pero la repartición de tierras agrícolas adquirió mayor dimensión a partir de 1967, y se intensificó en la primera mitad de la década de 1970, con la promulgación de las llamadas leyes agrarias.
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