Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
262 El Gobierno de los Doce Años: 1966-1978. Entre el autoritarismo y la reforma conservadora «cosa» privada. En este aspecto el patrimonialismo o neopatrimonialismo debe resolver el problema de la construcción del orden político legítimo sobre la base de un dominio «privado» de la función pública. Por otro lado, el (neo) patrimonialismo debe resolver el problema relativo al tipo de acuerdos políticos que debe dar paso al ejercicio del poder patrimonial. Mientras lo primero por lo general remite al tema del manejo clientelista de la política, lo segundo remite a su ejercicio autoritario. Como se aprecia, a lo que remite el bonapartismo es al análisis de un tipo de régimen donde la capacidad de ejercicio del poder político está, si se quiere, «disuelta» entre varios actores y su cohesionamiento solo lo resuelve una «tercera fuerza» que es la que permite restablecer la hegemonía del Estado sobre la sociedad. El (neo) patrimonialismo remite a una forma o modalidad de dominación donde el Estado es controlado como «cosa privada». De esta forma, mientras el patrimonialismo se enfoca en el tipo de Estado, el bonapartismo está preocupado por el régimen político. Lo específico del bonapartismo sería entonces el acuerdo o equilibrio de las clases dominantes en su expresión en el Estado, mientras lo que especificaría al neopa- trimonialismo moderno es la legitimación del dominio de clase en condiciones específicas de control sobre bases «no democráticas». A mi juicio, el bonapartismo resuelve mejor la «solución» al conflicto o a la crisis política, mientras el neopatrimonialismo analiza mejor el tema de la eficacia del dominio prolongado del Estado. En ambos casos, hay preocupa- ciones comunes: los bloqueos a la participación democrática de las clases dominadas, el manejo dirigido a intereses privados de los recursos del Estado, la dominación autoritaria y sus mecanismos para alcanzar la legitimación, la autonomía relativa del Estado, entre otros. De todos modos, el bonapartismo no puede constituir una condición estructural del Estado, sus límites son los que le impone la coyuntura histórica que le dio origen. El (neo) patrimonialismo caracteriza una forma de Estado, y por tanto, define un campo histórico más amplio y que puede cohabitar con varias formas de régimen político, la democrática y la autoritaria, incluido, claro está, el régimen propiamente bonapartista. La problemática que preocupa a Faxas es otra: la del fracaso de un intento de construcción de un sujeto nacional-popular, siendo su enfoque inscrito en la tradición latinoamericana de la sociología del Estado y del desarrollo, asumiendo las tesis de Touraine sobre la construcción del sujeto. Aunque muchas de las observaciones de Faxas a los análisis de Lozano y Cassá son pertinentes y apuntan a reales dificultades de esas interpretaciones, su crítica teórica remite a otra problemática: la relativa a la construcción histórica de subjetividades políticas. Como tales, los procesos que preocupan a Faxas perfectamente pueden darse en situaciones bonapartistas, o en un territorio político minado por el do- minio neopatrimonial del Estado como de hecho ha sugerido. 8 En torno al poder militar bajo la dictadura de Trujillo hay pocos estudios académicos, aunque sí muchos libros testimoniales. La principal literatura académica producida sobre el tema procede de académicos norteamericanos. A título de ilustración véase: Atkins, Los militares ; Brian J. Bosch, Balaguer ; Robert D. Crassweller, T rujillo, la trágica aventura del poder personal , Barcelona, 1968; Jesús de Galíndez, La Era de Trujillo , Santo Domingo, 2005; Piero Gleijeses, La crisis dominicana , México, 1984; Valentina Peguero, Trujillo and the Military Organization, Modernization and Control of the Dominican Armed Force , 1916-1961, PhD. Tesis, New York, 1993. 9 En 1986 afirmé en mi libro sobre el Gobierno de los Doce Años que «el Ejército en la coyuntura política (postrujillista, WL) como aparato de Estado se subordinaba a la lógica
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