Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

261 Historia general del pueblo dominicano 4 Para una visión de estos procesos de cambio a nivel internacional, véase a Herman Van Deer Wee, Prosperidad y crisis. Reconstrucción, crecimiento y cambio, 1945-1980 , Barcelona, 1986, y a Folker Frobel, Jurgen Heinrichs y Otto Freye, La nueva división internacional del trabajo , México, 1981. En el caso dominicano deben consultarse el trabajo de Cepal, Estudio económico de América Latina y el Caribe 1998-1999 , y el estudio de José del Castillo et al ., La Gulf and Western en la República Dominicana , Santo Domingo, 1975. 5 Para un análisis del proceso de negociación que finalmente culminó en la llamada Acta de Reconciliación, véase el libro de Salvador Jorge Blanco sobre este proceso, Guerra, revolución y paz , Santo Domingo, 2003. 6 Hamlet Hermann, Eslabón perdido. Gobierno Provisional 1965-1966 , Santo Domingo, 2009. 7 En la literatura sociopolítica e historiográfica dominicana en el curso de los años se ha articulado un debate en torno al carácter del régimen balaguerista de los Doce Años (1966-1978). El debate en el fondo se ha resumido en dos posiciones: por un lado, en su momento Lozano y Cassá definieron el régimen como bonapartista; Hartlyn criticó este enfoque planteando que una mejor aproximación a la real naturaleza del Estado debía definirlo como neopatrimonial (ver: Max Weber, Economía y sociedad , Madrid, 1944; H. E. Chehabi y Juan Linz (comps.), Sultanistic Regimes, Baltimore, 1998). Años después, Faxas rechazaría también la idea del bonapartismo y plantearía que un mejor enfoque del asunto debía aproximarse a partir del debate en torno a la construcción de un proyecto abortado de construcción nacional popular. En este debate hay mucho de confusión, pues se sobreponen y confunden diversos problemas en una sola propuesta o visión. La idea del bonapartismo realmente a lo que apunta es a una relación de fuerzas en su expresión específica en el control del Estado. El bonapartismo desea resolver así un pro- blema político, dado por una efectiva incapacidad de los diversos sectores de las clases dominantes de lograr un acuerdo que establezca el equilibrio y estabilidad política que requiere el Estado moderno para su funcionamiento. La idea del bonapartismo tiene, a su vez, algunos corolarios complementarios, como es la hipótesis de que un régimen de este tipo generalmente se produce en sociedades con un bajo desarrollo de las clases ligadas a la industrialización, una fuerte presencia de las masas campesinas y un gran poder de los grupos tradicionales ligados al comercio y el poder terrateniente. En el fondo el bonapartismo a lo que atiende es a una manera específica de lograr la representación hegemónica por un método de delegación política del conjunto de las clases dominantes en un estamento o estrato político que pasa a representarlas. Es común que en estas situa- ciones este tipo de régimen se sostenga en una figura fuerte, que controla los estamentos militares y burocráticos del Estado. Por lo general, el bonapartismo sucede a una gran crisis política donde ninguna de las fuerzas en lucha puede imponer un proyecto estable, el bonapartismo resulta de esa crisis como mecanismo que pretende resolverla (ver Nicos Poulantzas, Poder político y clases sociales en el Estado capitalista , México, 1971; Roger Bartra, El poder despótico burgués , México, 1977). En cambio, la idea del patrimonialismo (Weber, Economía y sociedad ) remite a un particular modo de control del Estado por parte de las clases o élites dominantes, en la que los aparatos de Estado son manejados como si fuesen recursos privados. De esta forma, la idea de la dominación patrimonial, o modernamente neopatrimonial, del Estado remite a dos asuntos: en primer lugar, a la capacidad de una clase, o grupo de poder, de pasar a ejercer el dominio de los aparatos de Estado como

RkJQdWJsaXNoZXIy MzI0Njc3