Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

255 Historia general del pueblo dominicano delineamiento de la política norteamericana hacia el Caribe. Como se sabe, esta determinación geopolítica condicionó las posiciones de los Estados Unidos respecto al proceso de transición postrujillista en los años sesenta en el país. Llevó incluso a la administración Kennedy en 1962 a plantearse seriamente la posibilidad de una reversión autoritaria de la transición, apoyada por los Estados Unidos y que en la práctica bloqueara el proceso de destrujillización y apertura democrática en esa coyuntura. 91 Ciertamente, Washington prefería una salida «democrática», pero no du- daría en apoyar la opción contraria si veía que eso pudiera ser aprovechado por la izquierda simpatizante de la Revolución Cubana, como el propio presi- dente Kennedy había afirmado. 92 Posteriormente, ya fuera del país la familia Trujillo e iniciado un proceso de transición política que en principio debía conducir a instalar un gobierno democrático, los Estados Unidos continua- ron con su visión conservadora e incluso reaccionaria. 93 Aunque apoyaron la transición y en tal sentido al gobierno de Bosch, las evidencias hoy permiten reconocer que siempre vieron con recelo el ejercicio político de tolerancia de- mocrática que caracterizó dicho experimento político. 94 No aceptaron nunca lo que era una firme convicción de Bosch que por lo demás no entrañaba ningún peligro para los intereses geopolíticos de la gran potencia: su toleran- cia a la izquierda y su firme convicción de que a dichas fuerzas era necesario permitirles su espacio de acción, siempre en el marco de la institucionalidad democrática. 95 De hecho, los norteamericanos no actuaban monolíticamente, pues si bien el Departamento de Estado expresaba mejor las posiciones de la Casa Blanca, la misión militar de la embajada norteamericana en el país tenía sus convicciones y vínculos directos con los militares de Washington. Para estos la política interna de los países de su periferia geográfica estaba al servicio de los intereses geopolíticos y militares de Washington; y en el Caribe esto tenía un nombre y un enemigo: Cuba. 96 A esto se agrega otro elemento: la em- bajada norteamericana (y las memorias de John Bartlow Martin, embajador norteamericano en el país para esa época, lo demuestran), entendía que solo en la oligarquía dominicana se encontraba una semilla de dirección política de la nación, aunque los propios norteamericanos admitían, como lo hacía su embajador, que dicha oligarquía era conservadora y temía a los cambios, pese a que entendiera que esta élite estaba dispuesta a «ayudar» a su país para lograr las transformaciones sociales que una nación pobre como la República Dominicana necesitaba. 97 La llegada de Lyndon B. Johnson a la Casa Blanca acentuó el conser- vadurismo y la visión geopolítica resistente al cambio democrático de los

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