Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

248 El Gobierno de los Doce Años: 1966-1978. Entre el autoritarismo y la reforma conservadora a ser cubiertos por la OEA, alteración de la vida cotidiana de los pueblos por razones de seguridad y eventual escasez de bienes de consumo), pero ello no produjo un colapso del orden social, como sí ocurrió en el lugar del conflicto, en Santo Domingo. Por eso sostenemos la hipótesis de que esos grupos y cla- ses sociales vieron el conflicto de abril como un factor de irrupción del ritmo normal de su entorno vital, más que como un conflicto que los involucraba como actores beligerantes. En consecuencia, en las elecciones de 1966 vota- ron por Balaguer más porque veían en su figura un ente no beligerante del conflicto que les podía traer la normalidad a sus vidas, que como una opción opuesta a los constitucionalistas, concentrados en Santo Domingo y cohesio- nados por la candidatura de Bosch. 79 Unida, pues, la no beligerancia de la población del interior en el conflicto de abril a la represión inicial que desató el gobierno balaguerista una vez alcanzado el poder, en esa etapa se inicia un proceso de recuperación de la gestión estatal que prepararía al Estado para la etapa posterior. Esta etapa de reorganización de las instituciones estatales se cohesiona en torno a dos ejes centrales: la ley de austeridad y el reagrupa- miento de la burocracia trujillista dispersa en torno a la figura de Balaguer. Sería un error pensar que esencialmente el saneamiento de las empresas del Estado se reduce a la ley de austeridad, pues, como hemos visto arriba, esto supuso en primer lugar un reacomodo burocrático mediante el cual se reagru- paba la dispersa burocracia trujillista que le era fiel a Balaguer. En segundo lugar, implicó sanear las empresas públicas, sobre todo el CEA. Solo en tercer lugar implicó la política de austeridad, pues la misma era una consecuen- cia necesaria de los dos elementos reseñados. Con el reacomodo burocrático Balaguer ordenaba sus fuerzas en el interior de los aparatos de Estado, lo que era un requisito de su poder negociador frente a las Fuerzas Armadas como mecanismo cohesionador en esas condiciones, frente a la élite económica que pactaba el acuerdo político estabilizador de factura bonapartista y frente a los propios Estados Unidos, garantes del modelo que se inauguraba. 80 Ahora bien, la manera en que se produce el pacto político con los grupos oligárquicos y de modo menos directo con las propias Fuerzas Armadas im- plicó que estas últimas ocuparan en esta etapa una posición de preeminencia política, ante el hecho mismo de la solución armada del conflicto de abril, el claro propósito norteamericano de fortalecerlas y la dispersión y debilidad de las élites políticas dirigentes mismas. Esa es la etapa en que Balaguer crea el Consejo Nacional de Desarrollo que, como hemos visto, en su formato cor- porativista pretendía crear un espacio de diálogo y negociación del poder central con el cuerpo político de las élites tradicionales.

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