Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

241 Historia general del pueblo dominicano económico (el empresariado industrial) en parte reclutado de la vieja clase comercial ligada a las importaciones. 71 Un elemento central del debate en torno a la industrialización fue el de la concentración industrial. En este caso, se vio claro desde el principio de la estrategia estatal de incentivo industrial, cómo los grandes beneficiarios eran los industriales agrupados en torno a la Asociación de Industrias, la oligar- quía industrial de la época. A los empresarios de Santiago, la otra concentra- ción regional de poder empresarial, les disgustaba la concentración de poder que estaba experimentando Santo Domingo en el ámbito industrial, y aunque eran predominantemente comerciantes, manifestaron su inconformidad con la concentración geográfica de los privilegios de la ley a favor del empresa- riado de Santo Domingo. Estos últimos si bien poseían mayor capacidad de influencia en la burocracia que el empresariado cibaeño, tenían sobre todo ventajas que no derivaban de la Ley 299, sino de su específica situación geo- gráfica: acceso a capacidades instaladas que no tenían los del Norte, puertos y aeropuertos cercanos, mejor infraestructura y sobre todo acceso más fácil al principal mercado de consumo, la ciudad de Santo Domingo. Pero, como in- dica Moya Pons, en realidad lo que deseaban los empresarios de Santiago era simplemente participar del pastel que ofrecía la protección estatal, no tanto desplazar el poder de la oligarquía industrial de Santo Domingo. En el aná- lisis de Moya Pons en este aspecto interviene un problema de percepciones, pues revela que por caminos distintos ambos empresariados percibieron mal la verdadera situación: los del Norte entendieron, con figuras como Víctor Espaillat a la cabeza, que el monopolio de Santo Domingo estaba drenando recursos de inversión hacia la capital, provocando así un éxodo empresarial hacia dicha ciudad; la oligarquía industrial de la capital entendía que el em- presariado de Santiago pretendía desplazarla en su poder hegemónico del proceso industrializador. Pero en ambos casos había un error en la percepción de los hechos, pues nunca se produjo tal éxodo empresarial y tampoco el em- presariado santiaguero pensó asumir tal rol hegemónico. En el debate sobre los incentivos al desarrollo industrial promovido por el Gobierno muchos de los críticos de este esquema de política económica fueron economistas de alguna forma vinculados al Estado, como Eduardo Tonos, Bienvenido Brito y Bernardo Vega. El eje de estas críticas, que asu- mía enfoques con diferencias de matices, se concentraba en varios puntos: el modelo industrializador era costoso, drenaba recursos fiscales que podían haberse orientado al desarrollo, favorecía la concentración y el monopolio y en la práctica estimulaba una dinámica de importación de materia prima extranjera que bloqueaba la diversificación industrial y su integración a otros

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