Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
238 El Gobierno de los Doce Años: 1966-1978. Entre el autoritarismo y la reforma conservadora Como indica el Cuadro 8 que resume los resultados de la Ley 299 hasta 1976, lo primero que se aprecia es el bajo número de empresas nuevas acogi- das a la ley, pues como se sabe la mayoría de las empresas industriales que se beneficiaron de la misma de hecho eran empresas previamente establecidas. 69 Los volúmenes de inversiones en las industrias nuevas en las categorías B y C no pasaron de los 100 millones de pesos, siendo su composición de ocupa- ción/inversión sumamente alta, que fluctuó entre 20,000 y 7,000 pesos. De suyo esta composición era muy alta, en cualquier año de la serie en que uno se sitúe, lo que hizo muy costoso el proceso industrializador. En la Categoría A las nuevas inversiones fueron mucho menores, alrededor de 55 millones de pesos, y aunque la composición inversión/ocupación era más baja, su impac- to en el tamaño del mercado era sumamente bajo. Es claro que con tan altos estándares de inversión por ocupación el potencial de generación de empleos fue bajo. A lo largo de todo el período de estudio, apenas se generaron unos 22,000 nuevos empleos bajo el amparo de la ley, como ya hemos visto. A todo esto se une la alta concentración espacial de las plantas industriales bene- ficiarias, las que tendieron a concentrarse allí donde mayor acceso había a servicios de infraestructura, energía, caminos, puertos y aeropuertos, y, como es obvio, allí donde mayor concentración de mercados había: la ciudad de Santo Domingo y en segundo lugar Santiago. Esto hizo que el efecto regional del desarrollo industrial articulado sobre estas premisas de concentración y exclusión fuera sumamente bajo. La industrialización por sustitución de importaciones, que impulsó el régimen balaguerista, en primer lugar estuvo siempre asociada al crecimiento del capital extranjero y se mantuvo subordinada al sector financiero, con fuer- te incidencia del capital transnacional. En segundo lugar, esta industrializa- ción, que puede definirse como asociada al capital comercial, nunca desplazó el poder y capacidad de crecimiento del sector importador, manteniéndose asociada al mismo, en parte porque de allí provenían en muchos casos los propios empresarios industriales emergentes y, en parte, porque el propio sector industrial en muchos renglones no se diferenciaba de la simple impor- tación de materias primas en tareas productivas de escaso valor agregado. En este modelo las exportaciones no solo financiaban el desarrollo industrial, sino también las propias importaciones, en un marco de continuo deterioro de la balanza de pagos. Esa dependencia del sector externo para financiar el crecimiento terminó acentuando su especialización primario-exportadora, haciéndola vulnerable a las crisis recurrentes de su eje dinámico: las exporta- ciones azucareras. Por ello, en el momento en que el eje dinámico del modelo
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