Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
233 Historia general del pueblo dominicano posteriores a la dictadura trujillista. Terratenientes, comerciantes exportado- res e importadores, mostraron en la coyuntura postrujillista muy poca capa- cidad para asumir la conducción del proceso industrializador y en su defecto prefirieron elegir una vía comercial y rentista que les diera acceso rápido al poder económico y al control del Estado en las condiciones de crisis de los sesenta. Entre los años 1961-1966 en el modelo que hemos definido como oli- gárquico y que caracterizó la dinámica del crecimiento en esos años, el eje di- námico fueron las importaciones, como se ha visto arriba. El sector de la élite económica que asumió el liderazgo de ese proceso fueron los importadores y a esa lógica fueron sometidos la banca y el propio Estado. Bajo las condiciones de ese esquema y crecimiento económico las élites se negaron a reconocer que en la nueva situación había un espacio de participación de masas en la política democrática, lo que exigía cumplir tareas reformadoras en materia salarial y de políticas sociales. Esa oligarquía tradicional mostró así una gran incapa- cidad para dirigir las tareas del desarrollo y esto no fue un simple producto de su naturaleza mercantil y rentista, en parte fue también el producto de su rol subordinado a la empresa de la dictadura trujillista que, primero, bloqueó su acceso a la opción industrializadora misma que monopolizó el dictador, y segundo, en las condiciones del postrujillismo, les condujo a una opción por el dominio y control económico del Estado como condiciones del crecimiento y fortalecimiento de su propio poder como élites tradicionales. Sí hubo, como ha demostrado el estudio de Moya Pons sobre el empresariado industrial, un sector pequeño pero dinámico que ya desde la muerte del dictador en 1961 intentó fortalecerse como empresariado industrial. Este sector provenía parcialmente de las élites tradicionales, en parte no, pero lo principal fue el hecho de que dicho grupo hasta avanzados los años setenta fue débil, aunque crecientemente fue compacto y aguerrido. A esto se añade que dicho grupo, para alcanzar el poder, que a partir de finales de los setenta logró, requirió directamente del apoyo del Estado. Fue en esas condiciones que el Estado bajo el régimen balaguerista reto- mó la tarea de la industrialización, aunque en condiciones sociales y políticas distintas a las que fueron propias del monopolio trujillista. A diferencia de la primera ola industrializadora, esta segunda ola estimularía desde el Estado la articulación de un empresariado industrial protegido. En tal sentido, mientras en la primera experiencia el Estado bloqueaba la posibilidad de surgimiento de un empresariado industrial, en la segunda experiencia asumió como premisa de la industrialización el estímulo y creación del empresariado. Aunque la dimensión de mercado que alcanzaron los bienes procesados industrialmente en los sesenta y setenta fue superior y más diversificada que
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