Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

213 Historia general del pueblo dominicano político interno de los poderes del Estado en gran medida pasaba a depender de la capacidad del presidente para «armonizar» los intereses de las diversas fracciones militares. No se trata simplemente del hecho de que las Fuerzas Armadas se constituían en el «partido del orden» en una situación semejan- te a la del segundo Bonaparte. De lo que se trata es de que en esa operación los grupos de poder, las oligarquías tradicionales y el emergente empresa- riado industrial y financiero se veían forzados a depositar en Balaguer su representación, precisamente como condición de la unidad y estabilidad del propio Estado. Por este mecanismo era natural que los restantes poderes del Estado, como el Congreso y el Poder Judicial, quedaran subordinados a los dictados e intereses directos del Ejecutivo, los cuales pasaban a desempeñar una función legitimadora del poder central que aseguraba la unidad del Estado. Así como en el plano de las clases dominantes en sus diversos compo- nentes (grupos oligárquicos, intereses mercantiles e industriales, poderes burocráticos, entre otros) el régimen estimulaba su organización corporati- va como grupos de intereses, estimulaba también la lucha entre fracciones militares como verdaderos grupos corporativos. La novedad de las «cor- poraciones» militares (facciones) era que las mismas lo que distribuían era el poder represivo propiamente dicho sobre la población y en este sentido su articulación como grupos de intereses definía un campo de relaciones políticas muy frágil, precisamente para asegurar la estabilidad del Estado en su conjunto. Por eso el esquema bonapartista era por definición frágil en su capacidad de institucionalización política, más allá de su naturaleza autoritaria y de su dinámica excluyente de la competencia propiamente democrática. El reverso del «corporativismo formal» que estimulaba el régimen, a través de mecanismos como el implementado con la Comisión Nacional de Desarrollo, era la búsqueda de la dispersión organizativa de los actores polí- ticos opositores. De esta forma puede afirmarse que un elemento constitutivo central de ese propósito era la dispersión del campo opositor, siendo uno de sus resultados el bloqueo del corporativismo obrero. No debe olvidarse, en- tonces, que las tendencias corporativistas del régimen balagueristas en lo que se refiere a las élites empresariales no se desligan de la incapacidad mostrada por el mismo régimen de someter al movimiento sindical y alinearlo corpo- rativamente como fue lo propio del fascismo. A esto se une el ejercicio semi- competitivo de la competencia electoral que en la práctica tendía a dificultar la acción organizada de los actores políticos (partidos). 41

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