Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

209 Historia general del pueblo dominicano poder balaguerista. En tal sentido, el caso de las leyes agrarias, en este aspecto específico, restaba eficacia a la política de facción y, por vía de consecuencia, al dominio balaguerista de las Fuerzas Armadas. El caso de las diferencias de la élite militar con el empresariado indus- trial es diferente. En primer lugar, en cuanto a los empresarios industriales era el propio régimen el que había definido como objetivo estratégico su fortalecimiento, mientras en el caso del agro lo que se intentaba con las le- yes agrarias era, entre otras cosas, transformar la oligarquía terrateniente en una élite vinculada a las finanzas, al tiempo que estimulaba el desarrollo del capitalismo agrario al menos en sectores estratégicos como el arroz. Por ello, el fortalecimiento de élites militares monopolistas, o por vía ilegal como el contrabando, subvertía los propios objetivos de desarrollo del régimen. La diferencia estribaba en que las élites terratenientes tenían un mayor poder negociador que los emergentes sectores industriales. Los primeros defendían un poder económico con firmes capacidades en la oligarquía tradicional y las propias Fuerzas Armadas, mientras los industriales de manera inversa se enfrentaban a las élites militares solo con la protección del propio Estado que también protegía a los militares. Por ello, mientras el primer choque terminó con la derrota del régimen en sus planes de reforma agraria, 36 en el caso de los industriales el conflicto nunca se resolvió y solo con el ascenso del PRD al gobierno los industriales lograron frenar el sector militar como competidor en el mercado. La renuncia de los generales responsables de los mandos militares en 1975 fue, quizás, la prueba de fuego de la autoridad de Balaguer sobre las élites militares. Para 1975 era claro que el poder del grupo de Pérez y Pérez se había fortalecido, incluso había logrado articular un grupo de oficiales de alta calificación entre los que destacaban el coronel José Ernesto Cruz Brea, el general Salvador Lluberes Montás y el contralmirante Ramón Emilio Jiménez, que encabezaba la Secretaría de las Fuerzas Armadas. En cambio, Nivar Seijas estaba aislado y era claro el propósito del presidente Balaguer de no fortalecer su poder en el Ejército. En esemomento de inflexión, argumenta Brian J. Bosch, el asesinato de Orlando Martínez el 17 de marzo de ese año logró rehabilitar al general Nivar Seijas. Este vil asesinato indignó a la población, a sectores de la élite, toda la prensa y a los partidos de oposición. Balaguer sorpresivamen- te nombró a Nivar Seijas al frente de la Policía Nacional sin consulta previa al alto mando. Los jefes de las Fuerzas Armadas se enteraron del nombramiento al igual que el resto del país, por medio de la prensa. Normalmente, como había sucedido en otras ocasiones, la facción antagónica a Nivar Seijas ante decisiones de ese tipo tomaba medidas rápidas para recomponer su fuerza,

RkJQdWJsaXNoZXIy MzI0Njc3