Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
208 El Gobierno de los Doce Años: 1966-1978. Entre el autoritarismo y la reforma conservadora espacio del líder bonapartista (Balaguer). Sin embargo, solo cuando el régi- men recibió presiones internacionales y en la élite dominante tradicional y los medios de comunicación locales, en el sentido de la eliminación de La Banda, Balaguer entendió pertinente su aniquilación. Los límites políticos del régimen bonapartista quedan claros en el tema electoral. En esa dinámica los militares desempeñaron abiertamente un im- portante papel, como mecanismo autoritario de freno a la apertura política y competencia democrática. En las elecciones de 1974 llegaron al extremo de lanzarse a las calles a realizar propaganda abierta a favor del continuismo, lo que no simplemente revelaba el grosero involucramiento en la política bala- guerista de la casta militar, pues también definió un mecanismo represivo que condujo a la oposición a no participar en los comicios. Vale decir, los militares operaron como un campo de exclusión autoritaria dirigido hacia la oposición política. El intervencionismo militar en la política en esa «situación límite» de nuevo revelaba que en tales condiciones la política de facción cedía su puesto a la necesidad del líder bonapartista. Un campo particularmente delicado de las relaciones de Balaguer con los militares en su gobierno de doce años fue el de las élites económicas. Aquí la política de corrupción y compromisos que articuló mediante los cuales ase- guraba lealtades de su alto mando terminó afectando en un doble sentido las relaciones del régimen con las élites económicas. Por lo pronto entre los años 1973 y 1974 Balaguer trató de impulsar un limitado proceso de reforma agraria que finalmente fracasó. Ese intento en proporción no desdeñable se vio bloqueado por la oposición de la oligarquía terrateniente propietaria de grandes latifundios; incluso generales y altos ofi- ciales, que también eran grandes propietarios, se opusieron a las reformas del agro. De esta forma, en el caso de las leyes agrarias, esta situación produjo un resultado no esperado: por primera vez sectores de la élite militar reconocían intereses propios semejantes a los de la élite económica y al margen de la po- lítica de facciones. Ya Neit Nivar había tenido sus contactos con la oposición perredeísta en varias ocasiones, pero esos contactos se hicieron en el marco de la conspiración contra el Triunvirato, o ya instalado Balaguer en el poder a principios de los setenta, siendo estos últimos contactos parte del juego de equilibrios a que conducía la política de facción. Como tales, entonces, estos contactos no comprometían el poder del líder bonapartista, más aún lo supo- nían como el objetivo a fortalecer. La novedad de la coincidencia de intereses entre la élite militar y la oligarquía terrateniente, en la coyuntura de las leyes agrarias, rompía la lógica de lealtades militares a Balaguer, abriendo un lazo o correa de transmisión que conectaba a los militares de manera autónoma al
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