Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
203 Historia general del pueblo dominicano faccional para controlar a los militares, simplemente asumió esta realidad y trató con mucho éxito de orientarla hacia el fortalecimiento de su poder perso- nal sobre los institutos armados y el conjunto del Estado. Lo que debe llamar la atención no es, pues, la política de equilibrio militar sostenida por Balaguer, sobre todo en su primer gobierno, sino el uso que este hizo de ese recurso para fortalecer su poder en el conjunto de los aparatos de Estado y producir, asi- mismo, una aplastante capacidad de imposición sobre las élites económicas y sociales en desarrollo, tanto las de origen claramente oligárquico, como los emergentes sectores empresariales que el propio Estado estimulaba. Por otro lado, fue precisamente por estas razones que la política de equilibrio militar terminó alojándose en los intersticios de las políticas públicas, condicionando la relación del Estado con la sociedad en el período de los Doce Años. Veamos esto con cierto detalle. El primer elemento que debe destacarse es la preeminencia de la figura y liderazgo de Balaguer en la lucha de facciones militares. En ninguna de las situaciones que se produjeron en el gobierno balaguerista en las cuales de he- cho las facciones se enfrentaron, el liderazgo de Balaguer fue cuestionado, ni su poder puesto en duda. Más aún, de los conflictos y crisis militares, la figura gananciosa siempre fue Balaguer, el triunfo de uno de los líderes militares en pugna era siempre coyuntural y limitado en sus alcances. El no profesionalismo de las Fuerzas Armadas, que Brian J. Bosch y Atkins detectan con razón como una de las constantes de la política faccional promo- vida por Balaguer entre los líderes militares, no era simplemente el producto de un estilo equilibrista de «divide y vence», practicada por el viejo caudillo en casi todos los ordenamientos estratales. Era también la consecuencia de un tipo de Estado que funcionaba patrimonialmente. El profesionalismo de los mandos militares, como la gestión burocrática moderna del aparato civil en el Estado, hubiese conspirado contra ese orden estatal neopatrimonial, como lo ha caracterizado Hartlyn. Visto así, el no profesionalismo de los militares era sobre todo el producto de un tipo de Estado y no simplemente de una lógica de ejercicio político del régimen balaguerista. Lo relevante en este caso es, pues, el hecho de que los norteamericanos, al promover dentro de ciertos límites el profesionalismo de los mandos militares, no solo chocaban con los intereses de Balaguer como jefe de gobierno, sino también con objetivos políticos que ellos mismos defendían en otro plano. Por ejemplo, la idea de fortalecer al propio Balaguer como figura emblemática de la unidad del Estado, estimular desde arriba el desarrollo de una élite empresarial y en general no chocar con el estilo neopatrimonial que caracterizaba históricamente al Estado do- minicano, fueron objetivos que de hecho los norteamericanos persiguieron.
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