Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
204 El Gobierno de los Doce Años: 1966-1978. Entre el autoritarismo y la reforma conservadora De esta manera la forma de régimen (bonapartista) estimulaba el ejercicio del conflicto entre facciones militares a lo que no pudieron sustraerse incluso los propios Estados Unidos como el hegemón que sostenía gran parte de la legiti- midad del régimen. El último aspecto que se desea destacar aquí es el del sostenimiento de la lealtad de las facciones militares a Balaguer. En este caso es claro el in- flujo de la tradición y la cultura. Los militares habían sido educados en la tradición trujillista donde la jerarquía de mando debía iniciarse y sostenerse en la lealtad indiscutible al jefe de gobierno. Balaguer no solo era el jefe de gobierno, sobre todo era visto como el mejor representante heredero de la tradición trujillista que con él de alguna manera sobrevivía, en las nuevas condiciones que se imponían en el país, tras la desaparición de la dictadura. Pero esa lealtad «heredada» por la tradición se sostenía también en una base material: la corrupción. Por la forma del conflicto, Balaguer estaba obligado a buscar el equilibrio de la capacidad de fuego, del poder propiamente militar en su conjunto, como componente necesario del mantenimiento del equilibrio entre facciones. Sin embargo, este equilibrio tenía un correlato social y económico cambiante, mediante el cual la lucha de facciones fortalecía el poderío económico de los oficiales líderes y de su séquito. Es aquí donde interviene la función de la co- rrupción como componente de la política faccional. Esto último, naturalmen- te, afectaba las políticas de Estado en materia económica, como las propias capacidades del empresariado que se proponía fortalecer. De todos modos, aunque parezca algo obvio, la rivalidad entre las élites militares finalmente enfrentó a los grupos predominantes: el liderado por el general Enrique Pérez y Pérez y el liderado por Neit Nivar Seijas. No se trataba entonces de conflictos entre muchas facciones, sino entre dos fundamentales. Por eso es necesario considerar el asunto del origen de las facciones y cómo finalmente se impusieron dos. El origen del Grupo de San Cristóbal es más sencillo de explicar. Quien finalmente quedó como líder del mismo, Nivar Seijas, fue un oficial que se caracterizó no solo por su capacidad conspirativa, sino también por su as- cendiente trujillista, que lo constituyó en un referente político de los grupos balagueristas en el interior de los mandos militares. Por eso el proselitismo político de Nivar Seijas a favor de Balaguer lo llevó a tener contactos con el PRD en la conspiración contra el Triunvirato y el gobierno de Donald Reid, pero también al exilio, donde pasó a trabajar con Balaguer, hasta que regre- só al país junto con el líder conservador. En una palabra, desde temprano Nivar Seijas no solo fue un conspirador, sino también un político alineado con
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