Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

197 Historia general del pueblo dominicano controlar corporativamente a los actores que la modernización desatada por el desarrollo urbano, la industrialización y en general el desarrollo capitalista habían estimulado. Veamos este proceso con cierto detalle. La explosión del movimiento po- pular como un actor significativo en la lucha social, tras la muerte de Trujillo, no solo presionó al Estado a la estructuración de un esquema de política social asistencialista y clientelar; de hecho presionaba a la movilización de recur- sos que en la práctica obstaculizaba las tareas del reacomodo político que el Estado debía sufrir, tras la desaparición de la dictadura. Claramente, en las condiciones postdictadura la movilización de masas estaba determinaba por un componente político que, sin embargo, no desconocía las presiones socia- les por la participación de los grupos populares. Esto lo comprendió Bosch en 1962, al desplazar el eje de su campaña electoral del campo de la lucha contra los remanentes de Trujillo al de las reivindicaciones y la justicia social. Desde esta última perspectiva, la fuerza del movimiento popular dificultaba la es- trategia de reconversión privada del poder económico del Estado que desde la muerte de Trujillo contuvo un claro propósito oligárquico. Por ello, tras el ascenso al poder de Balaguer en 1966, la desmovilización del movimiento popular fue un objetivo estratégico del régimen. Un componente económico de esta estrategia fue el hecho de que la des- movilización popular bloqueaba o limitaba la capacidad negociadora de las clases trabajadoras, fenómeno que facilitó desde el principio que el régimen balaguerista organizara con éxito una política de control y reducción salaria- les y la llamada Ley de Austeridad. De esta manera, si bien la represión por su componente político era imprescindible para lograr la desmovilización de las clases populares, por sus consecuencias económicas y sociales facilitó el dise- ño de un modelo de acumulación que suponía un rígido control salarial y en general del poder negociador del sindicalismo. De aquí que pueda sostenerse que la desmovilización popular constituyó una constante del régimen. En un primer momento el terror fue directamente un procedimiento de liquidación y dispersión del campo opositor, para luego convertirse en desmovilizador, no solo en el plano político, sino también en el social. Mientras entre 1966 y 1971 el terror constituyó un requisito de la constitución del nuevo bloque de fuerzas políticas y económicas que pasaban a controlar el Estado, a partir de 1972 los procedimientos terroristas definieron obstáculos a las tareas moder- nizadoras que el propio régimen había desatado y, en tal sentido, dificultaban la unidad del bloque en el poder. Por ello es que podemos comprender cómo, entrada la década de los setenta, el asistencialismo y la cooptación corporativa del sindicalismo, el clientelismo y la prebenda de los pobres urbanos pasaron

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