Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
196 El Gobierno de los Doce Años: 1966-1978. Entre el autoritarismo y la reforma conservadora la incapacidad mostrada por los diversos sectores de las clases dominantes, específicamente de su componente oligárquico, para encontrar un esquema estable que «resolviera» la crisis hegemónica. También fue el producto de las claras incapacidades mostradas por las Fuerzas Armadas dominicanas en términos militares, al ser derrotadas por las fuerzas constitucionalistas en 1965. Estos dos elementos son esenciales para comprender el objetivo político inicial del régimen, una vez Balaguer alcanzó el poder en 1966: desmovilizar a las clases «peligrosas», vale decir a los militares constitucionalistas, a la iz- quierda armada y al PRD como partido de masas. El aspecto controversial de este debate gira en torno al papel represivo del régimen. Es claro que en su primer ejercicio de gobierno (1966-1970) re- currió a la represión más descarnada como método de dominación y control político. A partir de ese momento, sin abandonar el recurso a la represión, el régimen recurrió a otros procedimientos de control y dominación, como fueron la cooptación de líderes opositores, la corrupción de dirigentes obre- ros y el clientelismo de masas. Pero esto no debe oscurecer dos asuntos muy importantes para la comprensión de la naturaleza política del régimen. En primer lugar, tras la persecución de los partidos opositores, sobre todo del PRD y la izquierda, como de los sindicatos de masas y los gremios profe- sionales, el régimen claramente perseguía su dispersión, control y virtual liquidación. Sin embargo, pasado el momento inicial de la postguerra civil, a lo largo de los Doce Años de régimen el propósito general de la represión fue el sometimiento y control de aquellos actores políticos representantes de las «peligrosas» clases populares y actores democráticos que la destrujillización había activado su participación. En el largo plazo se reprimía para controlar, no simplemente para liquidar a los opositores. Esto es así debido a que la propia naturaleza del régimen no podía dar pie a la eliminación de todos los espacios de contestación y crítica, pues ello conspiraba contra la esencia de la lógica bonapartista que era no solo la de ser garante del control político, sino la de constituirse en representante de un conjunto de fuerzas sociales que incluían a las clases populares en un esquema de delegación política bona- partista. Es esto lo que permite apreciar el segundo aspecto significativo del fenómeno represivo. Nos referimos a la necesidad del régimen de bloquear la participación política organizada en términos mínimamente democráti- cos de las fuerzas opositoras. Esto se expresó en dos momentos o niveles: el primero y más significativo fue el bloqueo a la participación electoral del campo opositor, el segundo fue la cooptación corporativista de fuerzas so- ciales organizadas. En lo primero hasta 1974 el régimen fue exitoso, en lo segundo mostró siempre una profunda debilidad: su clara incapacidad para
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