Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
198 El Gobierno de los Doce Años: 1966-1978. Entre el autoritarismo y la reforma conservadora a constituir los instrumentos predilectos de la desmovilización del lumpen proletariado urbano y los sectores más bajos de la pequeña burguesía urbana. Es por ello que en un notable trabajo de 1980 Duarte y Pérez 17 afirman que a partir de los setenta la represión se institucionaliza. Dichos autores aportan valiosa información que permite apreciar las complejidades sociales de las tareas represivas. 18 Es cierto que, en las condiciones que describen los autores, las funciones de la coerción funcionaban en clave represiva desde los apa- ratos de Estado, sobre todo de la Policía y organismos especializados de las Fuerzas Armadas, pero no puede decirse por ello que a partir de los setenta la represión se institucionaliza como un componente específico del régimen. Esto es así porque el uso legítimo de la fuerza, como demuestra Weber, es un atributo exclusivo del Estado moderno y no de un régimen político específi- co. Lo que los autores llaman «represión institucionalizada» lo que indica es simplemente: 1) que ya en los años setenta existía un claro dominio del Estado sobre la sociedad civil, particularmente sobre las clases populares organiza- das; y 2) que el ejercicio de la coerción en función de la dominación exigía un «momento ideológico» (hegemónico). De ahí que sostengamos que en el contexto de los setenta asistimos a un esquema de coerción que «administra la desmovilización» popular, más que institucionalizar la función represiva, de suyo constitutiva de las funciones estatales. Pero este cambio en el manejo de las funciones coercitivas del Estado tuvo consecuencias en la dinámica de la dominación política. Por lo pronto, obligó al régimen a permitir determinados espacios de liberalización políti- ca, que afectaban la capacidad negociadora del propio Balaguer frente a los sectores y grupos dominantes. Asimismo, la nueva situación le brindaba a la oposición, sobre todo al PRD, posibilidades de reorganización y acción. Esto era el complejo producto del proceso de modernización liderado por el Estado, pero también fue el resultado de la maduración de los nuevos actores políticos que emergieron a partir del cambio social y económico que desataba la modernización. Lo anterior no puede hacernos olvidar que a lo largo de los doce años de dominio balaguerista del Estado, la desmovilización operó como un requisito constitutivo de la unidad del bloque en el poder. Por ello, pese a que en los años setenta se fortalecieron otros mecanismos de desmovilización popular como el clientelismo, la compra de líderes y el manejo de prebendas, el terror siempre estuvo presente como una amenaza cotidiana. Entre los años 1966 y 1970 la desmovilización sobre el movimiento po- pular y la oposición operó en dos frentes: el primero definido a nivel político y fue dirigido contra la izquierda, las organizaciones populares y el PRD; el
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