Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
Historia general del pueblo dominicano 175 El peligro de una ofensiva les parecía muy real. Todos los días ocurrían nuevos incidentes entre sus fuerzas y las tropas de ocupación, si bien estos in- tercambios de disparos no eran en general muy graves. El 15 de junio, sin em- bargo, dos días antes de que Bunker presentara a la Comisión Negociadora su plan para la solución de la crisis —un plan, señalaba el general Palmer, «que no satisface ninguna de sus demandas»— un incidente adquirió proporciones dramáticas. Esta vez el intercambio de disparos no terminó al cabo de más o menos una hora por cuanto las tropas norteamericanas habían lanzado una ofensiva que duró cerca de 36 horas. Su superior poder de fuego era agobian- te. No hubo desbandada, los comandos ofrecieron una tenaz resistencia. Hora tras hora, sin embargo, se vieron forzados a ceder terreno —casi la cuarta parte de su territorio—. Cuando el general Indar Jit Rikhye, asesor militar de Mayobre, fue a la jefatura de la FIP para ofrecer mediar el cese de los comba- tes, se le respondió, sin rodeos, que «su propuesta era rechazada porque la mediación era responsabilidad de la OEA». Mayobre trató sin resultado de «convencer al comité de la OEA que le pidiera a las tropas de la FIP regresar a sus posiciones originales». «Estoy convencido», le dijo Palmer a Washington, «que como resultado [de esta ofensiva] la posición negociadora de la OEA será grandemente fortalecida, y el señor Bunker coincide conmigo». 118 Los constitucionalistas temían un nuevo ataque. ¿Cuánto tiempo po- drían aguantar si los norteamericanos atacaban con toda su fuerza? «Uno o dos días», admitió Juan B. Mejía, el representante del 1J4 en la reunión del 8 de julio. Los constitucionalistas tenían de su parte la opinión mundial; una sangrienta embestida norteamericana contra Ciudad Nueva provocaría un escándalo. Estados Unidos podría incluso encontrarse otra vez en apuros en el Consejo de Seguridad de la ONU, como le había ocurrido cuando el ataque a los barrios altos. Pero aquella batalla había continuado a pesar del Consejo de Seguridad. «Para cuando [las Naciones Unidas] vengan a actuar», argüía Peña Gómez en nombre del PRD, «ya nuestros cadáveres estarán reposan- do en las tumbas» y «nuestro pueblo [...] perderá a toda una generación de revolucionarios». 119 Más bien que un ataque contra Ciudad Nueva, el rechazo de García Godoy «podría significar la terminación de las negociaciones [y] el retiro eventual de la Comisión ad hoc de la OEA», advirtió Salvador Jorge Blanco, miembro de la Comisión Negociadora. O podían los norteamericanos optar por continuar las negociaciones pero convirtiéndolas en un juego estéril: reu- niones espaciadas, en las cuales la Comisión Negociadora presentaría nuevas listas de candidatos solo para verlas rechazadas, una tras otra. Al final tal vez los norteamericanos renunciarían a la candidatura de García Godoy y sería
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