Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

172 La Revolución de Abril Solo unos pocos dirigentes de minúsculos partidos de la derecha salieron en apoyo del GRN. Otros entendían que a los ojos de los norteamericanos Imbert Barrera era solo una respuesta temporal y no le dieron su respaldo. Así hicieron la Iglesia y el Partido Reformista, el único partido de masas del país después del PRD. Los norteamericanos habían marginado a Balaguer durante el período del Triunvirato dado que su hombre era Reid Cabral y Balaguer, quien pedía elecciones libres, estorbaba. Solo hubo contactos superficiales y episódicos entre él y el Departamento de Estado. Esto cambió, abruptamente, con la caída de Reid Cabral. Durante las negociaciones Guzmán, los funcionarios estadounidenses se mantuvieron en contacto seguido con Balaguer, y este mostró una admirable voluntad de respaldar cualquier política que EE. UU. adoptara, mereciendo el aplauso de Washington. Balaguer era «un intelectual y un caballero», afirmaba el director de la oficina del Caribe del Departamento de Estado después de conversar largamente con él el 15 de mayo; y después de otro encuentro, el 18, informaba: «Le subrayé a Balaguer que puede confiar en mi (nuestra - EE. UU.) convicción que él es el hombre del futuro en la República Dominicana, y que no haremos nada que no tenga en cuenta la gran importancia que él tiene [...] tanto para el Gobierno de EE. UU. como para el pueblo dominicano; sus intereses son en todos sentidos compatibles con los nuestros». 109 Al fracasar la fórmula Guzmán, Balaguer pasó a ser, de un interlocutor privilegiado, el hombre que Estados Unidos vislumbraba como presidente de la República Dominicana en un futuro cercano. El 25 de junio, en contra de la voluntad del GRN, pero con el respaldo de los norteamerica- nos, Balaguer regresó a la República Dominicana. «Al llegar el Dr. Balaguer», relata un acucioso investigador, Imbert «le dio un plazo de 48 horas para que se fuera del país». 110 Balaguer no le hizo caso. En la República Dominicana —fuera de Ciudad Nueva— eran los norteamericanos quienes mandaban. Ellos lo controlaban todo. Miles de soldados norteamericanos ocupaban el país; otros se encontraban a bordo de los barcos frente a la costa. Los aviones y los tanques norteamericanos eran los amos en la 19 de Noviembre. A un centenar de metros estaba el CEFA, ridículo frente a tal competencia. Y el dinero norteamericano pagaba los salarios del GRN, vale decir, los sueldos de los militares. Al comienzo de la intervención el hombre fuerte entre los militares domi- nicanos era Wessin. Pero su estrella se eclipsó rápidamente. Decepción imper- donable para los norteamericanos por su inepta actuación contra los rebeldes, y en exceso comprometido a los ojos de las masas urbanas, para quienes era el símbolo del mal, Wessin era el perfecto chivo expiatorio. Eso abría el paso

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