Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

Historia general del pueblo dominicano 171 Estos son, pues, los elementos decisivos en cualquier análisis del movi- miento constitucionalista: el carisma de Bosch, el líder político; la figura de Caamaño, el líder militar; la debilidad de la extrema izquierda. La relación entre Caamaño y los comandos fue crucial. Los comandos tenían una gran autonomía. No existían jerarquías, y las órdenes eran infre- cuentes. Los supervisores zonales actuaban mucho menos como jefes que como jueces de paz, cuya tarea era resolver las disputas entre los diversos comandos, la mayoría de las veces con la ayuda de jefes de otros comandos. Pero había límites a esa autonomía. Los jefes de los comandos reconocían la autoridad política del Gobierno. Se les mantenía informados, a grandes rasgos, de las negociaciones con los norteamericanos, a través de reuniones del G-5, un órgano extraoficial creado por Caamaño, en el cual él o sus delegados se reunían dos o tres veces por semana con los jefes de los co- mandos más poderosos. Pero jamás se efectuaron votaciones durante esas reuniones. Si Caamaño hubiera albergado ambiciones personales, o si hubiera ocu- rrido una ruptura entre él y el PRD, habría surgido una situación sumamente difícil en la Zona Constitucionalista. Pero ninguna ruptura tuvo lugar, por más que las relaciones entre el coronel y el partido de Juan Bosch fueran a veces frías. Sin el apoyo del PRD, el movimiento constitucionalista hubiera dejado de existir, convirtiéndose en la revuelta de un puñado de oficiales y de «extremistas» de extrema izquierda. Todo el mundo, incluso los catorcistas y los emepedeístas, reconocían que el PRD era indispensable. Careciendo de ambición política, Caamaño aceptaba tanto más fácilmente esa realidad. El PRD, de hecho, dominaba la vida política de Ciudad Nueva. Mantuvo el control sobre las negociaciones con Estados Unidos, y en las pocas ocasio- nes en que el Gobierno efectuó una votación decisiva, el PRD, que predomi- naba en el gabinete, el Senado y la Cámara de Diputados, tuvo una mayoría absoluta. Caamaño la acató siempre. Contrariamente al Gobierno Constitucionalista, el GRN seguía sin respal- do popular. Controlaba todo el territorio nacional —menos Ciudad Nueva y la ZIS—por el terror que imponía. La prensa internacional señalaba su falta de apoyo entre la población. Hasta El Mundo de San Juan, Puerto Rico, periódico conservador que había aplaudido la invasión norteamericana, informaba: «viajeros [que llegan a Santo Domingo desde Santiago] dicen que la ciudad de Santiago y todos los pueblos intermedios están fuertemente vigilados por unidades del Ejército y la Policía. [...] Dicen estos informantes [...] que en to- das partes aflora el descontento hacia la posibilidad de que el general Imbert Barrera se consolide en el Gobierno». 108

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