Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
170 La Revolución de Abril comandos de tipo caudillista; y los comandos «tigre», en los que la disciplina era muy laxa y donde se daban peligrosas inclinaciones al robo. Dos coman- dos, el del capitán Peña Taveras y los hombres rana deMontes Arache, estaban compuestos exclusivamente por militares: más de 150 hombres bien armados, casi todos con ametralladoras, un cuerpo de élite incondicional a sus jefes. A estas dos unidades hay que añadir aquellas controladas por militares, que sumaban entre 600 y 700 hombres. Desde el punto de vista militar, los partidos de la extrema izquierda desempeñaron un papel modesto. El PSP tenía influencia en San Lázaro, un comando bien disciplinado y adecuadamente armado, pero que contaba solo con 50 o 60 hombres; pocos pesepeístas, además, tenían entrenamiento militar. El MPD controlaba el comando Argentina (en el papel con 140 hombres, en la realidad no más de 100), pero el MPD adoptó una posición absolutamente sectaria, negándose a arriesgar sus escasos cuadros en un conflicto dominado «por la burguesía». En consecuencia, el comando Argentina apenas participó en acciones militares, postura que provocó reacciones muy hostiles en Ciudad Nueva. Estaba, por supuesto, el 1J4, el «gigante» de la extrema izquierda. El partido había llegado al 24 de abril agrietado por encarnizadas divisiones. La guerra civil, en lugar de unirlo, no hizo sino aumentar sus conflictos inter- nos. Una apariencia de unidad fue restaurada en junio, con la creación de un Comité Político Provisional (CPP) de cinco miembros. Pero en realidad el 1J4 había dejado de existir como partido político. Había solo «barones», sobre los cuales el CPP no tenía control. Algunos de estos barones, como Norge Botello, Fafa Taveras y Baby Mejía demostraron gran capacidad militar y se convir- tieron en jefes de importantes comandos. Pero eran caudillos independientes que tenían mejores relaciones con Caamaño y el Gobierno Constitucionalista que con el CPP. Poco hay que decir del PRSC. Sirvió únicamente como órgano de propa- ganda de cara a la opinión pública internacional. Por lo demás, su contribu- ción fue nula, tanto política como militarmente. En cuanto al PRD, después de la desbandada del 27 de abril, la mayoría de sus líderes jugó solo un papel secundario. La mayor excepción fue Peña Gómez quien, gracias a su abne- gación y a su perspicacia política, redimió su grave traspié del 27 de abril. Y, lo más importante, estaba Bosch en Puerto Rico. La distancia eclipsaba solo parcialmente un prestigio todavía brillante. Las masas en Ciudad Nueva y el personal en los comandos eran en su mayoría boschistas. Pero el PRD carecía de jefes militares. Ese vacío había sido llenado por el coronel Caamaño, quien, solo unos meses antes, era un policía temido por el pueblo de Santo Domingo.
RkJQdWJsaXNoZXIy MzI0Njc3