Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

160 La Revolución de Abril Finalmente, el 7 de mayo, después de tres días de «involucramiento a tiempo completo» de Martin, 73 el GRN fue inaugurado. No tenía «ningún respaldo popular», señalaba la CIA. 74 L a O rganización de E stados A mericanos Mientras, en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington, los delegados latinoamericanos escondían bajo un torrente de retórica el sentimiento de impotencia. Los Estados Unidos ni siquiera los había informado antes de lanzarse en una intervención militar que violaba groseramente los artículos 15 y 17 de la carta de la OEA. Enfrentado al he- cho consumado que provocaba una ola de resentimiento en América Latina, el Consejo de la OEA resolvió convocar la Décima Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores con el objetivo de estudiar la situación creada por el conflicto armado en la República Dominicana. La resolución no mencionó la intervención militar de Estados Unidos en un Estado miembro. La reunión de consulta se abstuvo de condenar la invasión, pero Washington exigía más: la creación de una Fuerza Interamericana de Paz (FIP) para darle una ficción de legalidad a la presencia ilegal de sus tropas en la República Dominicana. La maniobra era tan descarada que hubo resisten- cia de parte de los latinoamericanos. Entonces EE. UU. aumentó la presión. El vicepresidente Hubert Humphrey expresó su indignación y regañó a la OEA por su ignorancia de las «realidades de la vida». Proclamaba Humphrey: «la OEA debe aprender cómo mantener la ley y el orden. [...], si no tendremos no- sotros que guarnecer sitio tras sitio para defender la ley y el orden y proteger la vida de los ciudadanos». 75 La OEA se sometió a las «realidades de la vida». Catorce votos eran nece- sarios para aprobar la resolución, pero el 6 de mayo solo 12 gobiernos latinoa- mericanos se unieron a Estados Unidos en la votación para crear la FIP. Para redondear la cifra, se agregó a los otros el voto de José Antonio Bonilla Atiles, el delegado dominicano ante la OEA bajo Reid Cabral. La caída del Triunvirato había dejado a la República Dominicana con dos gobiernos, ninguno de los cuales era reconocido por ninguna otra nación. Pero eso no importaba, Estados Unidos necesitaba ese voto. Así que un hombre —Bonilla Atiles— fue conver- tido en país. Nadie protestó. La minoría disidente no se atrevió a enfrentarse a Estados Unidos y no cuestionó el derecho de Bonilla Atiles de votar. Fue solo

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