Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

Historia general del pueblo dominicano 155 las Fuerzas Armadas derrumbándose bajo los golpes de la población. Ellos estaban convencidos de que en una situación de caos y guerra civil, cuando los infelices habían conseguido las armas y combatían, los comunistas siem- pre jugarían un papel decisivo: a la hora de la verdad eran ellos quienes se fajarían en las calles arriesgando sus vidas, y no los dirigentes de los partidos democráticos o de derecha. Había algo de cierto en este análisis: cuando los dirigentes del PRD fueron a asilarse en la tarde del 27, quienes marcharon al puente fueron los líderes del 1J4. Sin embargo, el 1J4 era muy débil. Contrariamente a lo que se imagi- naban muchos funcionarios norteamericanos, la extrema izquierda dominica- na no tenía superhombres y tampoco líderes carismáticos. Los únicos líderes carismáticos del país eran Juan Bosch y, en menor medida, Joaquín Balaguer. Y si bien es cierto que algunos miembros de la extrema izquierda tenían entre- namiento militar, también lo tenían los oficiales constitucionalistas. Muchos pesepeístas, emepedeístas y sobre todo catorcistas lograron armarse entre el 25 y el 28 de abril, pero eran una pequeña minoría en un mar de civiles arma- dos. La gran mayoría de los civiles que participaron en la batalla del puente eran boschistas, entre ellos muchos cuadros jóvenes del PRD. Al terminar la batalla no buscaron sus líderes entre los catorcistas. Mientras esperaban por el tan deseado regreso de su caudillo, Juan Bosch, se volvieron hacia los oficiales constitucionalistas, y en particular hacia el coronel Caamaño. La naturaleza de la rebelión había cambiado entre el 25 y el 27 de abril. Como lo plantea muy bien un historiador dominicano, «lo que debió quedar como un pronunciamiento militar y popular incuestionable por su contun- dencia devino en guerra civil [...] El desenlace del 27 de abril en el puente Duarte presagiaba un nuevo tipo de Estado, ya que la derrota de la casta militar derechista replanteaba los términos de poder en la sociedad domi- nicana. Quedaba, por consiguiente, un camino despejado para la puesta en vigencia de los contenidos sociales consignados en la Constitución repuesta, en lo adelante con un matiz revolucionario que probablemente incluiría trans- formaciones más profundas». 60 De ahí a una toma del poder por los castristas había una brecha in- mensa. Sin embargo, la paranoia de los norteamericanos les hacía imposible un análisis realista de la situación en el terreno después de la batalla del puente. Estaban convencidos: los comunistas habían tomado el control de la rebelión. Como lo dijo la CIA, «un puñado de líderes comunistas en Santo Domingo logró con su superior entrenamiento y sus tácticas ganar una posi- ción de considerable influencia en la revuelta durante los primeros días. Su influencia dentro del movimiento creció día tras día, y después del colapso

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