Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
156 La Revolución de Abril del gobierno de Molina el 27 de abril no quedó ninguna organización en el campo rebelde capaz de impedir que logren el pleno control de la rebelión dentro de unos días». 61 La falta de pruebas de ninguna manera debilitó la voluntad de intervenir de los gobernantes norteamericanos, solo fortaleció su decisión de disfrazar sus intenciones y de darle alguna legitimidad a su invasión con la mentira. En la noche del 28 de abril Johnson se dirigió al pueblo norteamericano para anunciar que su gobierno había sido informado por las autoridades milita- res dominicanas que las vidas de los ciudadanos norteamericanos estaban en peligro. Por ende, a petición de estas autoridades, le había ordenado al secretario de Defensa desembarcar el número de soldados necesarios para evacuar sin riesgos a los ciudadanos norteamericanos y a aquellos de otros países que pidieran ayuda. No mencionó ninguna amenaza comunista, no hizo referencia alguna a los constitucionalistas. 62 A esta altura los funcionarios norteamericanos esperaban todavía evitar una intervención militar flagrante que podría tener serias repercusiones en América Latina. «Es posible», decía el subsecretario Mann, «que el simple hecho del desembarco de los marines le dé animo al grupo de Wessin». 63 Por tanto, los 536 marines que desembarcaron en la noche del 28 de abril solo tomaron posición alrededor de la embajada de EE. UU. y en la zona en torno al hotel Embajador, lejos de la zona de los combates. «Obviamente queremos evitar enfrascarnos en acciones militares mientras haya una posibilidad ra- zonable que las fuerzas de la Junta puedan vencer», le dijo el Departamento de Estado a la embajada. 64 Una módica intervención, fácilmente disfrazable de acción humanitaria: esta fue la política de Johnson a raíz del desembarco de los marines. «Quiero con ansiedad darle a esto un manto de legitimidad», les urgió Johnson a sus asesores, y el subsecretario Mann les ordenaba a las embajadas de EE. UU. en el hemisferio: «Cuando hablen con los latinoame- ricanos [...] tengan cuidado de no sugerir que EE. UU. está respaldando a uno de los bandos. Subrayen que el objetivo de la operación es evacuar a los norteamericanos y a los ciudadanos de otros países que quieren irse, y que hemos dado este paso solo después que las autoridades [dominicanas] nos informaron que las vidas de nuestros ciudadanos corrían peligro y que el Gobierno no podía garantizar su seguridad». 65 Obedientemente, por indi- cación de la embajada, el coronel Benoit, que ya había pedido las tropas para aplastar la insurrección, envió una segunda nota que decía: «Quiero añadir que las vidas de los ciudadanos norteamericanos están en peligro». 66 Pero la llegada de los marines no pudo restablecer la voluntad de com- batir de San Isidro, aun si Wessin y De los Santos habían empezado a recibir
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