Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
Historia general del pueblo dominicano 151 nombres a la gloria de la victoria. Su presencia daba a los defensores el senti- miento de que no estaban solos, de que no todos sus líderes habían desertado. Los cientos de soldados y de jóvenes oficiales que tomaron parte en la batalla necesitaban jefes. Ahora Caamaño y Montes Arache habían llegado. Su pre- sencia demostraba su compromiso con la causa común y la sinceridad de su apoyo. Los militares se agruparon en torno al coronel Caamaño, el oficial de más alta graduación. Únicamente Montes Arache, en virtud de su rango y su prestigio, podía haber desafiado la primacía de Caamaño. Pero entre los muchos defectos de Montes Arache no se contaba el ansia de poder. Puso su talento e influencia al servicio del hombre a quien reconocía como sucesor de Hernando Ramírez, Francis Caamaño, su viejo amigo. Desde luego, los militares eran solamente una minoría entre la masa de civiles armados. Tres días antes la colaboración directa y abierta entre la po- blación de la capital y Caamaño, exoficial de alto rango de la Policía, hubiese sido impensable. Fue el PRD que, con su presencia y su identificación con la revuelta, aseguró al pueblo la sinceridad de aquellos oficiales que se pro- clamaron súbitamente «constitucionalistas». Ahora ya no había PRD del que hablar, aun cuando las masas del PRD inundaban las calles. Bosch era el líder y el símbolo de la revuelta, pero estaba en Puerto Rico; Molina Ureña y Peña Gómez se ocultaban en las embajadas. Ningún otro partido hubiera podido llenar el vacío de poder. Por cierto los líderes del 1J4, contrariamente a los del PRD, estaban en el puente luchan- do. Pero si bien es cierto que el 1J4 era el gigante de la extrema izquierda, no pasaba de ser un partido pequeño, sin líderes carismáticos. Así pues, los militares fueron llamados a llenar el vacío. Lo que ningún golpe incruento podía haber logrado, fue conseguido por el salvajismo de San Isidro. Poco importaba que, por el momento, el PRD hubiera dejado de existir como par- tido organizado; los militares constitucionalistas y el pueblo no tenían más necesidad de intermediarios. Los cuadros del PRD y las masas boschistas se volvían ahora hacia hombres como Caamaño y Montes Arache. Era un proceso a dos vías: en el puente, y en los días que siguieron, Caamaño y sus oficiales «reeditaron, sin proponérselo, las actitudes y las órdenes de los oficiales que lucharon junto al pueblo de Barcelona en julio de 1936», al estallar la guerra civil española. 49 Terminada la batalla del puente, Caamaño y sus oficiales empezaron a organizar las fuerzas rebeldes. El movimiento constitucionalista había encontrado nuevos líderes y no se transformaría en un motín.
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