Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
152 La Revolución de Abril L a decisión de invadir En la noche del 27 de abril Bennett estaba todavía confiado, dándole ins- trucciones al jefe de la Policía, el general Despradel: «Le dije que la primera tarea que él y yo teníamos era restablecer el orden [en la capital] [...] Le dije que acababa de regresar de Washington y que todos confiábamos que un hombre con su experiencia y entrenamiento sabría lo que había que hacer». Sin embargo, al día siguiente el optimismo de Bennett se había esfumado. Le comunicó a Washington que en San Isidro «una severa prueba de ner- vios estaba en curso». Los soldados de Wessin estaban cansados y asustados; muchos habían desertado. En Santo Domingo, Caamaño y Montes Arache reorganizaban las fuerzas rebeldes; en San Isidro cundía el pánico. «No es un espectáculo alentador», se quejaba Bennett. Wessin «no está mostrando mucha agresividad. [...] Nuestros agregados militares consideran que el re- sultado final está en duda». 50 La embajada de EE. UU. daba, como podía, ayuda y aliento a los genera- les. Cuando al amanecer del 28, De los Santos pidió 50 equipos de transmisión portátiles, Bennett se apresuró a respaldar el pedido. Washington puso repa- ros, enfatizando su oposición a acciones que hicieran más manifiesto el papel de EE. UU. «a menos que el resultado final estuviera realmente en duda». ¿Y cómo podía estar en duda cuando los generales disponían de la Fuerza Aérea, de los cañones de la Marina, de los tanques? Pero Bennett insistió en términos que dejaban escasa opción a Washington: «La cuestión aquí ahora es una lu- cha entre los elementos de corte castrista y quienes se les oponen. No quiero exagerar el dramatismo, pero debemos tener clara la situación. Si negamos los equipos de comunicación y la oposición a la toma del poder por la extrema izquierda se desmorona por falta de ánimo, es muy probable que en un futuro cercano estemos pidiendo el desembarco de los marines para proteger a los ciudadanos norteamericanos y posiblemente para otros cometidos. ¿Qué es lo que Washington prefiere?» La respuesta fue inmediata: «Aviones de nuestra Fuerza Aérea están llevando los walkie-talkies a San Isidro». 51 Entre las muchas debilidades que acosaban a los generales estaba la falta de coordinación, producto de sus rivalidades. El batallón Mella había llegado a La Feria, al comienzo de la tarde del 27, y de haber avanzado hubiese cogido a los defensores del puente por la espalda, pero el batallón era balaguerista y no tenía interés en facilitarle la victoria a Wessin, enemigo del Dr. Balaguer. Así mismo, De los Santos no había enviado su unidad de fuerzas especiales (300-400 hombres muy bien entrenados) a respaldar el ataque de Wessin.
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