Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
148 La Revolución de Abril Ramírez si debía o no entenderse que el cese de fuego se basaba en la voluntad del grupo de aceptar la formación de una Junta Militar, con vistas a la celebración de elecciones. La respuesta de Hernando fue afirmativa; no hubo objeciones de ninguno de los presentes. 43 Era la rendición. Ellos sabían muy bien que los vencedores no permitirían elecciones libres. Y sin embargo habían tomado las armas para borrar la ver- güenza del 25 de septiembre de 1963. Ahora se amontonaban en la embajada de EE.UU ., adonde habían ido «por su propia iniciativa y a espaldas y desco- nocimiento» de Molina Ureña, su presidente, que se negaba aún a rendirse. 44 No obstante, en un postrer impulso de dignidad uno de ellos comentó que «ellos estaban de acuerdo con respecto al asunto, pero que no podían seguir adelante sin la aprobación del presidente». Ninguno de los oficiales presen- tes disintió y Ruyle sacó la conclusión lógica, planteándoles que «entonces la prioridad del grupo tenía que ser comunicarse con Molina; si el grupo no podía actuar sin la aprobación de Molina, había que procurar urgentemente esta aprobación antes de dar otros pasos». Ruyle fue con ellos al Palacio. En su informe, él describe la escena: «El Palacio estaba lleno de escombros, vidrios rotos y otros desechos [...] Molina fue finalmente localizado, rodeado por 8 o 10 personas, entre civiles y militares, apiñados en un pequeño pasillo en lo más profundo del Palacio, en la planta baja. No se veía más alma viviente en el Palacio o en varias manzanas a su alrededor». Molina se negó a abdicar: «En su habitual tono mesurado, pero con intensa emoción, afirmó su intención de permanecer en el Palacio y morir, si fuera necesario, antes que traicionar al pueblo dominicano y sus aspiraciones de libertad y democracia». 45 Después que Ruyle se retirara, Molina fue objeto de muchas presiones. Estas iban en una sola dirección, puesto que los partidarios de continuar la lucha no estaban en el Palacio sino cerca del puente Duarte, desafiando a los tanques de Wessin. Al fin, Molina Ureña cedió. Alrededor de las 4 de la tarde, Ruyle estaba en la embajada, hablando con el embajador William Tapley Bennett, que acababa de regresar de EE. UU. De pronto, relata el informe de Ruyle, «alguien interrumpió para anunciar que Molina Ureña se encontraba frente a la puerta de la embajada [...] Ruyle fue hasta la puerta, donde encontró a Molina Ureña esperando en silencio, rodeado por los oficiales que habían estado antes en la embajada, junto con la mayoría de los que Ruyle había visto con Molina en el Palacio Nacional, en total unas 16 personas. Preguntado si quería entrar, Molina asintió con la cabeza. [...] Todos los que estaban con Molina lo acompañaron a la oficina del embajador». 46
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