Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
Historia general del pueblo dominicano 147 relata un partidario de Wessin. 42 Por su parte el general se quedó tranquilo en San Isidro, mientras que sus tropas combatían en Santo Domingo. La batalla, pues, continuaba. Pero para los líderes de la rebelión, civiles y militares, apenas importaba. Habían perdido las esperanzas. Mientras Molina Ureña permanecía en el Palacio Nacional, los líderes del PRD abandonaron la lucha. Para la tarde del 27, prácticamente toda la dirigencia del PRD había desertado. Para encontrarlos había que hacer la ronda de las embajadas, em- pezando por la de México, donde se había asilado Peña Gómez, el líder más popular del PRD después de Bosch. ¿Y dónde estaban los jefes militares de la insurrección, los Hernando Ramírez, Francis Caamaño, Montes Arache? Habían perdido el ánimo. Militares profesionales, la lucha les parecía perdida. Por un lado estaban la Fuerza Aérea, la Marina de Guerra, el CEFA, por el otro grupos desorganiza- dos de militares, lo que quedaba de las unidades que habían entrado triun- fadoras en la capital el 25. Ya nadie se hacía ilusiones sobre la actitud de las unidades del interior. Peor, a las dos de la tarde llegó al Palacio la noticia de que el batallón Mella estaba entrando en la capital desde el oeste, que sus pri- meras patrullas ya estaban en La Feria. Pero el Mella, constitucionalista el 25 y hasta el 26, no venía para defender al Gobierno Constitucional, el Mella se había pasado al otro bando. Entre La Feria y el Palacio Nacional, en el centro de la ciudad, prácticamente no había fuerzas constitucionalistas. Era cierto que miles de civiles se enfrentaban a las fuerzas de Wessin. Pero ¿qué podían civiles sin entrenamiento, sin encuadramiento, contra fuer- zas regulares, contra los tanques, contra los aviones, contra los cañones de la Marina de Guerra? La lucha estaba perdida. Mientras que Molina Ureña seguía en el Palacio, y el pueblo luchaba cerca del puente, el mando militar constitucionalista fue a la embajada nor- teamericana. Al final de ese día el primer secretario de la embajada, Benjamin Ruyle, informaba a Washington: A eso de las 3:00 p. m. del 27 de abril se presentaron en la embaja- da el coronel F. Caamaño Deñó y el coronel (sic) M. A. Hernando Ramírez, en compañía de otras 6 personas en uniforme. Fueron in- troducidos al despacho de Ben Ruyle. El portavoz principal fue el coronel Hernando Ramírez, pero también habló el coronel Caamaño y no hubo desacuerdo en el grupo en cuanto a que habían venido a la embajada a solicitarle que obtuviera un alto al fuego. [...] Algunos de los presentes declararon que estaban exhaustos, completamente agotados y que no podían continuar. Ruyle preguntó a Hernando
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