Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

146 La Revolución de Abril norteamericana. A las 3 a. m. del 27, Rivera Caminero le dijo al agregado naval de EE. UU. que la Marina y la Fuerza Aérea estaban planeando el bom- bardeo de la capital. «Esta va a ser la última guerra en nuestro país», alardeó. «Nuestro agregado naval está convencido de la determinación del grupo», informaba Connett a Washington. 39 Pero había ciudadanos norteamericanos en Santo Domingo y la emba- jada quería evacuarlos antes de que un infierno de fuego se abatiera sobre la ciudad. La embajada acordó con los dos bandos un armisticio hasta las 11 de la mañana del 27. Barcos de guerra norteamericanos habían llegado al puerto de Haina, a unos 10 kilómetros al oeste de la capital. Los ciudadanos norteamericanos se congregarían en El Embajador, un hotel de lujo en los suburbios occidentales de la capital, lejos de los combates. De ahí helicópteros de la Marina estadounidense los llevarían a Haina. Otros irían por tierra. La evacuación empezó a las 6 de la mañana del 27. Con la excepción de un único incidente, cuando un grupo de hombres armados llegó al hotel buscando a un connotado extremista de derecha, y los turistas norteamericanos se asustaron, la evacuación procedió sin problema alguno. En la tarde, la embajada infor- maba: «El traslado de nuestros ciudadanos desde El Embajador a Haina se ha llevado a cabo sin incidentes». 40 Un poco antes de las 11 de la mañana del 27 la Marina de Guerra domi- nicana empezó a disparar sobre la capital. Los aviones de la 19 de Noviembre lanzaban bombas y ametrallaban en el área del Palacio Nacional y de Radio Santo Domingo Televisión, sobre Ciudad Nueva y sobre la parte septentrional de la capital. Pero su blanco principal era la zona aledaña al puente Duarte. Había que preparar el terreno para el avance de las tropas de Wessin que esperaban al otro lado del puente. 41 A la una de la tarde los tanques y la infantería de Wessin iniciaron su ataque; cruzando el puente, avanzaron en dirección de la avenida Duarte, una ancha avenida donde podrían maniobrar con facilidad y que los llevaría, más al sur, a otra ancha avenida, la avenida Mella, abriéndole el camino al centro de la ciudad. Pero entre el puente Duarte y la avenida Duarte había 5 calles: Manzana de Oro, Josefa Brea, Dr. Betances, Juana Saltitopa y José Martí. Había cientos de cadáveres esparcidos en esas calles pero muchos más defensores, armados con ametralladoras, fusiles y cocteles molotov. Detrás de cada venta- na, en cada esquina, en cada azotea había soldados, jóvenes oficiales, civiles, incluso mujeres y niños. Era una masa turbulenta y desorganizada, y en su mayor parte sin entrenamiento militar. Las tropas de Wessin avanzaron, ocu- pando Manzana de Oro y Josefa Brea. Fue un avance arduo, ya que cada me- tro costaba caro en vidas. «Los defensores lucharon como fieras acorraladas»,

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