Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
Historia general del pueblo dominicano 145 hasta la saciedad su apoyo al movimiento. 34 Poco después en un comunicado conjunto De la Mota, el jefe de la base aérea y el jefe de la Policía de Santiago anunciaban que «identificándose con la causa del pueblo, deciden respaldar el llamado popular, solidarizándose con el movimiento militar encabezado en Santo Domingo». 35 Y siguieron declarando su respaldo el 26, mientras que esperaban a ver qué pasaría en la capital. Los oficiales comprometidos con el Movimiento Enriquillo, en la fortaleza y en la base aérea siguieron pasivos. 36 El mando militar constitucionalista en Santo Domingo hubiera podido intervenir, en- viando un centenar de soldados a Santiago para tomar el control de la base aérea y empujar a los pilotos que estaban con el movimiento a atacar San Isidro. Santiago estaba a solo unos 160 kilómetros de la capital. Pero el mando militar no actuó. El pueblo, en las calles, pedía armas. Pero el pueblo no tenía jefes. Frente a la negativa de los militares la alternativa hubiese sido lanzar la población a la toma de la Fortaleza San Luis. Eso era algo que encajaba en el mundo de los catorcistas, pero los catorcistas no tenían fuerza y sus pocos cuadros habían ido a la capital, donde se decidiría la lucha. El pueblo santiaguero miraba a los dirigentes del PRD como sus líderes. Lanzar el pueblo a conseguir sus armas no cuajaba en el mundo de los líderes perredeístas de Santiago, en su mayoría notables de buena voluntad. Ellos se enfrascaron en inútiles palabreos con el coronel De la Mota, pidiendo que diera armas a miembros de confianza del PRD, exmilitares. 37 Las horas pasaron. Cuando el 27 amaneció, el pueblo en Santiago seguía sin armas, y los jefes militares seguían «constitucionalistas» de palabra, esperando el resultado de la batalla que se libraría aquel día en la capital. L a batalla del puente 27 de abril: el sol asoma sobre Santo Domingo, ciudad golpeada. En la ría, frente a la ciudad, están los barcos de la Marina de Guerra dominicana. En la noche del 25 al 26 Rivera Caminero había ido al Palacio a informar a Molina Ureña de la adhesión de la Marina. («La Marina está con los rebel- des», se lamentó Connett). 38 Pero eso había sido cuando los constitucionalistas parecían al borde de la victoria. Ahora, un día más tarde, Rivera Caminero y sus oficiales habían recapacitado con la ayuda, desde luego, de la embajada
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