Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
Historia general del pueblo dominicano 143 día, sobre todo las zonas aledañas al puente Duarte, a Radio Santo Domingo Televisión y al Palacio Nacional. Las primeras víctimas, civiles y militares empezaron a caer bajo las ráfagas y las bombas de los aviones. 30 El mando militar constitucionalista no supo cómo reaccionar. Ellos no estaban preparados para la realidad de una guerra civil, habían imaginado un movimiento militar rápido, sin mayores enfrentamientos. ¿Qué hacer contra los aviones que castigaban la ciudad, contra los tanques de Wessin que espe- raban a la otra orilla del río? Se barajaron ideas. Algunos hablaron de esperar la noche y lanzar un ata- que contra San Isidro. El capitán de navío Montes Arache propuso una acción de comandos contra la 19 de Noviembre: él con sus hombres rana cruzaría el río y aprovechando la noche llegaría a San Isidro y abriría el fuego contra los aviones y la pista de aviación. San Isidro quedaba a solo 17 kilómetros de la capital y los hombres rana poseían un entrenamiento de gran calidad. Pero no se hizo nada. Mientras, empezaban las deserciones de aquellos oficiales que se habían sumado al movimiento por oportunismo, porque estaban en los campamen- tos que se habían levantado, o por una tibia simpatía, pero que no estaban dispuestos a arriesgar su vida ni su carrera por el principio de la constitucio- nalidad. Y con ellos muchos soldados. Bajo el bombardeo de la Fuerza Aérea, en medio de la pasividad del alto mando y la deserción de muchos oficiales, las unidades constitucionalistas empezaron a fracturarse en pequeños grupos independientes que actuaban por su propia cuenta. Otros oficiales no deser- taron, sino que se quedaron presionando, tratando de convencer a Hernando Ramírez de que había que pactar con San Isidro, aceptar una Junta Militar. Con su presencia, aumentaban el sentimiento de confusión. Quien actuó fue el pueblo de la capital. Al concluir el 25 de abril la rebelión constitucionalista era todavía un levantamiento militar con unidades bajo el mando de sus oficiales y el respaldo entusiasta de una población desarmada, tal como lo exigía el Plan Enriquillo; solo unos pocos civiles habían logrado conseguir armas de oficiales o suboficiales actuando por su propia iniciativa, en algunas ferreterías o confiscándolas a conocidos derechistas; desarmando pequeñas patrullas de la Policía. 31 Esto cambió el 26 de abril. Al mismo tiempo que las unidades militares empezaron a desmoronarse, creció el rol del pueblo. Aquel fue el día en que el pueblo capitalino pasó de comparsa a protagonista. A la parálisis del mando militar respondió la creciente actividad del pueblo. El pueblo buscaba armarse. El 26 se multiplicaron los ataques a los cuarteles de la Policía. Muy a menudo eran dirigidos por soldados bajo el
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