Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
142 La Revolución de Abril L a guerra civil Hernando Ramírez y sus oficiales al planear el levantamiento estaban conscientes de que EE. UU. miraría con desagrado un golpe militar para retornar a Juan Bosch. Pero no pensaban que EE. UU. iría más allá de una reacción inicial de molestia. Y ni se imaginaban, aquel 25 de abril, que los funcionarios estadounidenses estuviesen cabildeando con los generales para empujarlos a la guerra civil. 28 Tampoco se imaginaban, al anochecer del 25 de abril, que la guerra civil había empezado. La Fuerza Aérea no repitió los ataques. Los tanques del CEFA aparecieron en la orilla oriental de río Ozama pero no intentaron cruzar el puente, ni siquiera para establecer una cabeza de puente para un posible ata- que futuro. En la noche del 25 al 26 el contralmirante Rivera Caminero apare- ció en el Palacio Nacional para asegurar su lealtad al Gobierno Constitucional; otros oficiales de la Marina siguieron su ejemplo yendo a la casa presidencial o haciendo declaraciones por Radio Santo Domingo Televisión. 29 La Capital estaba en manos de los constitucionalistas con la excepción de los cuarteles de la Policía. El general Hernán Despradel Brache, jefe de la institución, había encontrado una postura a la altura de su oportunismo. Cuando las tropas rebeldes entraron en la capital anunció que la Policía era «neutral», no se metía en pleitos entre militares. Los constitucionalistas sabían que eran palabras huecas. Si las cosas se pusieran duras, Despradel Brache se olvidaría de su neutralidad. Pero ¿por qué tendrían las cosas que ponerse malas? Wessin y De los Santos no se atreverían a atacar la capital, que era de- fendida por las unidades de élite del Ejército respaldadas por una población entusiasta de 400,000 personas. Desde el interior, aquel 25 de abril, llovían las declaraciones de adhe- sión: de las unidades del EN (incluyendo el tercer batallón de élite del EN, el balaguerista Mella); de las bases aéreas de Santiago y Barahona; de los cuarteles de la Policía. Por cierto en todas estas unidades el mando quedaba en manos de la jerarquía militar que existía al estallar el levantamiento, jefes que no tenían simpatía por el movimiento constitucionalista y cuya adhesión era motivada únicamente por el oportunismo. En ningún lugar los oficiales comprometidos con la conspiración habían intentado tomar el control. Pero bueno, tampoco importaba. Los constitucionalistas se habían adueñado de la capital. La victoria ya estaba asegurada. El optimismo se esfumó el 26. A las 5:30 de la mañana los aviones de la 19 de Noviembre empezaron a atacar la capital. Siguieron atacando a lo largo del
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