Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
Historia general del pueblo dominicano 141 El country team está en contra de una demostración de fuerza por par- te de EE. UU. o cualquier otro respaldo militar en este momento [...] Nuestros agregados han subrayado a los tres líderes militares [Rivera Caminero, De los Santos y Wessin] nuestra firme convicción de que debe hacerse todo lo posible para impedir un triunfo comunista. 24 Connett hablaba de «la exigencia de los comunistas del retorno de Bosch». De hecho ninguno de los tres partidos de la extrema izquierda dominicana había estado involucrado en el Movimiento Enriquillo. Para ellos no había oficiales honestos dentro de las Fuerzas Armadas dominicanas, era una casta irrevocablemente reaccionaria. El 1J4 y el MPD consideraban a Bosch como un líder fundamentalmente antidemocrático, listo a servirle de marioneta a EE. UU. Sin embargo el PSP había salido en marzo de 1965 con un manifiesto que pedía el regreso de Bosch a la presidencia. 25 Lo había hecho no porque sim- patizara con Bosch, sino porque consideraba que el partido no podía seguir aislándose de las masas que reclamaban el regreso del expresidente; además pensaba que si Bosch regresaba al poder por la presión popular, entonces su gobierno podría tener un matiz democrático. Al estallar el levantamiento constitucionalista, los líderes de los tres par- tidos, unidos en su rechazo a todos los militares, reaccionaron con extrema desconfianza. Finalmente, en la mañana del 25, frente al respaldo masivo del pueblo a la insurrección, habían decidido que no podían quedarse al margen; pero había que darle un matiz más democrático al movimiento rebelde, y esto solo sería posible si el pueblo conseguía armarse. Activistas de izquierda empezaron a distribuir volantes que exigían «Armas para el pueblo» y exhor- taban a la población a buscar armas. 26 De ahí a reclamar el retorno de Bosch había una brecha muy grande. No bastante grande, sin embargo, para que la embajada de EE. UU. se diera cuenta. El manifiesto del PSP y los lemas en la mañana del 25 pidiendo armas para el pueblo eran pruebas suficientes de «la exigencia de los comu- nistas del retorno de Bosch». Y de hecho, ¿para qué hacían falta pruebas? Si Bosch era flojo con los comunistas, entonces era lógico pensar que los comu- nistas respaldaban su retorno a la presidencia. Por ende EE. UU. empujaría a los generales a combatir; ahora que se habían unido, su superioridad sobre los rebeldes era aplastante y ni siquiera haría falta darle ayuda material. Washington no tendría que dar la cara y podría esconderse detrás de una fa- chada de neutralidad. Esto era importante, advertía Connett, «especialmente si se toma en cuenta la popularidad de Bosch y el hecho que él era el presiden- te constitucional del país». 27
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