Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

140 La Revolución de Abril Ahora, tratando de apoyar a un tambaleante gobierno caribeño que los castro-comunistas buscaban derribar, yo estaba en favor de esos métodos. Las alternativas parecían simplemente inaceptables: una toma del poder de la izquierda, un golpe militar en reacción, o la matanza en las calles. De todos modos, yo sabía que los buenos fines tienden a ser corrompidos por los malos medios. Y recordaba la denuncia de Adlai Stevenson de los métodos con los que el senador McCarthy atacaba al comunismo: «Empezamos a parecernos a aquello que odiamos». 23 Las palabras de Martin reflejan fielmente la paranoia de la administra- ción Kennedy: de hecho en 1962 la extrema izquierda dominicana era muy débil, no había ninguna posibilidad de que tomara el poder. Pero más aún, sus palabras reflejan la visión enfermiza de Washington de la «democracia» para hermanas menores en el hemisferio occidental: había que perseguir a los comunistas por sus ideas, sin esperar que violaran la ley. El Consejo de Estado aceptó con entusiasmo los preceptos de Martin. Pero no Juan Bosch. Él se negó categóricamente a adoptar los «métodos de la policía de Chicago», y rechazó la visión kennediana de la democracia para América Latina. La Constitución de 1963 legalizó los partidos comunistas y reconoció el derecho de los dominicanos a viajar a países extranjeros, incluso a países comunistas, incluso a Cuba. Durante su presidencia Bosch no permi- tió que se golpeara o detuviera a nadie por sus ideas políticas. Los norteamericanos no podían aceptar la idea de que el presidente de un miserable país del Caribe pudiera tener una visión más amplia de la democra- cia que ellos, los herederos de Thomas Jefferson. Por ende, si Bosch se negaba a perseguir los comunistas solo podía ser porque les tenía miedo o porque les tenía simpatía. En uno y otro caso, él era «débil con los comunistas». Y esto en Washington era un pecado capital. Entonces era lógico que el gobierno de Johnson prefiriera una guerra civil al regreso de Bosch a la presidencia. A las 5 p. m. del 25, Connett informaba a Washington: Todos los miembros del country team [los altos funcionarios de la embajada] creen que el retorno de Bosch para reasumir el control del gobierno es contrario al interés de Estados Unidos en vista de la participación de extremistas en el golpe y la exigencia de los co- munistas del retorno de Bosch como algo favorable a sus intereses a largo plazo [...]. Rivera Caminero acaba de confirmar que se reunió con De los Santos y Wessin y decidió unirse a ellos para impedir que Bosch regrese al país.

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