Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

Historia general del pueblo dominicano 139 Benoit regresó al Palacio Nacional poco después de la juramentación de Molina Ureña. En esta segunda reunión estaban también un representante del CEFA, uno de la Policía y uno de la Marina, todos ellos exigiendo la formación de una Junta Militar. Y también estaba Molina Ureña, acompañado por dos destacados miembros del PRD, Manuel Ramón Ledesma Pérez y Leopoldo Espaillat Nanita. La reunión fue, como la anterior, un diálogo de sordos que se interrumpió abruptamente cuando aviones de la Fuerza Aérea ametralla- ron el Palacio. La guerra civil había empezado. 20 L a reacción de EE. UU. Es posible que De los Santos no se hubiese atrevido a lanzarse a una guerra civil sin las presiones de la embajada americana. Los norteamericanos querían que él peleara, preferían la guerra civil al retorno de Bosch. «Bosch es malo», le dijo Johnson a Thomas Mann. «Es muy malo», Mann asintió. 21 «No creemos que sea un comunista», explicó, «pero si regresa a la presidencia los comunistas lo rodearán y ellos son mucho más inteligentes que él y muy pronto empezarán a adueñarse del poder». 22 En su hostilidad a Bosch, Johnson seguía el ejemplo de su ilustre prede- cesor. Obsesionados por la victoria de Fidel Castro en Cuba, John Kennedy y sus asesores sobreestimaron desmedidamente la fuerza de los castristas en América Latina. Para hacer frente a esta amenaza exigían que los líderes latinoamericanos adoptaran su visión de lo que debía ser la democracia en América Latina. Lo que esto significaba lo explica muy bien el embajador de Kennedy en la República Dominicana, John Bartlow Martin, en sus me- morias. En 1962, Martin instó al Consejo de Estado a adoptar los métodos utilizados en el pasado por la policía de Chicago. Allí, si un policía veía a un exconvicto o a un delincuente conocido en la calle, lo arrestaba bajo sospecha, lo llevaba a la comisaría, lo retenía durante el tiempo legal y lue- go lo soltaba, nada más que para allanar su casa esa misma noche, sacarlo de la cama, y empezar todo de nuevo; acosándolo una y otra vez; con la esperanza que finalmente se fuera de la ciudad. Se trataba de detenciones ilegales, y a menudo de algo peor: los prisioneros eran a veces golpeados. Era una de las más graves violaciones de los derechos constitucionales de un ciudadano.

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