Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

138 La Revolución de Abril exigía una Junta Militar y prometía elecciones. Pero ¿para qué servirían estas elecciones? Si la 19 de Noviembre no podía aceptar el regreso de Bosch a la presidencia este 25 de abril cuando lo exigían poderosas unidades militares respaldadas por una población entusiasta, ¿por qué permitiría luego elec- ciones libres que seguramente ganaría Bosch? Y de permitirlas, ¿aceptaría el resultado? No había por qué esperarlo. Pero en una futura prueba de fuerza los jefes militares antiboschistas, ahora divididos y sorprendidos, habrían te- nido tiempo para recuperarse y reorganizarse. Ya sin el elemento de sorpresa, los militares constitucionalistas, que eran una minoría dentro de las Fuerzas Armadas, estarían en clara desventaja. Después de una hora, Benoit salió del Palacio con el sentimiento penoso de que la guerra civil era inevitable porque «los otros» la querían. Sin em- bargo, cuando llamó a su jefe para informarle del fracaso de las conversacio- nes, fue para recibir la orden de regresar al Palacio. De los Santos acababa de hablar con Hernando Ramírez y habían acordado que habría una segunda reunión. Poco antes de que Benoit regresara al Palacio, los rebeldes dieron un paso más, enfrentando a la Fuerza Aérea a otro hecho cumplido. La Constitución de 1963 estipulaba que en caso de ausencia temporal del presidente de la República y del vicepresidente actuaría como presidente provisional el presi- dente del Senado y, en su ausencia, el presidente de la Cámara de Diputados. Bosch, su vicepresidente y el presidente del Senado se encontraban en el exi- lio, pero no así Molina Ureña, presidente de la Cámara. Alrededor de las 2 de la tarde, en conformidad con la Constitución, Molina Ureña se juramentó como presidente provisional de la República hasta que el presidente constitu- cional, Juan Bosch, regresara al país. Y el regreso de Bosch parecía inminente. El periodista estadounidense Tad Szulc, quien lo visitó aquella tarde en su apartamento en San Juan, describió a Bosch rodeado de amigos y partidarios, en medio de un «gozoso bullicio», mientras que su esposa y su sobrina pre- paraban maletas. «Bosch esperaba regresar a la República Dominicana al día siguiente, tal vez incluso esa misma noche. Aguardaba un avión militar de la República Dominicana que lo llevaría de vuelta». 19 La suerte estaba echada. Con la juramentación de Molina Ureña el mo- vimiento rebelde, anulando cualquier posibilidad de equívoco, había procla- mado su verdadera naturaleza. Los hombres que habían derrocado a Reid Cabral asumían su verdadero nombre: ellos eran los constitucionalistas, los que habían tomado las armas para restablecer al Gobierno Constitucional elegido por el pueblo en diciembre de 1962.

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