Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
Historia general del pueblo dominicano 137 rebeldes de que «se sometieran al Gobierno». Pero Connett lo dejó colgado. Le dijo a Washington que la embajada consideraba que ya no había nada que EE. UU. pudiera hacer por Reid Cabral. Washington estuvo de acuerdo. 16 Los funcionarios norteamericanos simpatizaban con Reid Cabral y la- mentaban su caída, pero para tratar de salvarlo la embajada hubiera tenido que presionar a los jefes militares dominicanos a actuar contra los rebeldes, es decir empujarlos a una guerra civil. ¿Y para qué? Así como De los Santos, la embajada creía que el objetivo de los rebeldes era una Junta Militar, una alternativa perfectamente aceptable para EE. UU. Abandonado por los jefes militares, abandonado por la embajada de EE.UU ., Reid Cabral hizo lo único que le quedaba: renunció. A las once y media de la mañana el general Montás Guerrero, secretario del Interior, lla- mó por teléfono a Hernando Ramírez: «Pueden venir a tomar el Palacio —le dijo—. Donald Reid renunció». 17 Los militares constitucionalistas tomaron posesión del Palacio Nacional sin derramar sangre. Fue en el Palacio donde Hernando Ramírez recibió al coronel Benoit, enviado por De los Santos para discutir la formación de una Junta Militar. La conversación duró alrededor de una hora. Fue un diálogo de sordos. Benoit argumentaba, y le parecía muy razonable, que el punto no era siquiera si el de- rrocamiento de Bosch había sido o no justificado. Hasta podía ser que hubiese sido un error. Pero había ocurrido y la Fuerza Aérea había participado en el golpe. Exigirle ahora que aceptara el regreso de Bosch era pedirle demasiado. ¿Y para qué? ¿Para devolverle el poder a un civil? Benoit no podía entender el lenguaje de Hernando Ramírez, un lenguaje demasiado nuevo, que cho- caba con las tradiciones de las Fuerzas Armadas dominicanas, que hablaba del respeto por la Constitución. Insistir en Bosch significaba menospreciar los intereses de la Fuerza Aérea, representaba querer crear una brecha dentro de las Fuerzas Armadas. 18 El planteamiento de Benoit estaba basado en la necesidad de aceptar el hecho consumado del 25 de septiembre de 1963. Pero era exactamente este hecho consumado que Hernando Ramírez y los suyos rechazaban, porque aceptarlo significaba negar algo mucho más importante: la voluntad del pue- blo, expresada en las elecciones de diciembre de 1962, las primeras elecciones libres después de tres décadas de tiranía. Dos fechas —25 de septiembre de 1963 y 20 de diciembre de 1962— representaban dos visiones radicalmente opuestas: la tradicional, donde el voto cedía ante las armas, y la nueva, que Bosch había abanderado, donde las armas se inclinaban ante las urnas. Junto a estas razones de principio, el sentido común le impedía a Hernando Ramírez aceptar las propuestas de Benoit. La 19 de Noviembre
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