Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
132 La Revolución de Abril crisis económica aparentemente insoluble que azotaba el país, la exasperación de la población urbana, el desprestigio del Gobierno y la creciente populari- dad del PRD fueron factores que contribuyeron al desarrollo del movimiento. La excesiva corrupción irritó a unos cuantos oficiales, especialmente entre los jóvenes. Pero lo que había ganado en número, lo perdió el movimiento en co- hesión. Muchos de los llegados a última hora sentían una simpatía muy te- nue o incluso indiferencia, hacia el «retorno del Gobierno Constitucional sin elecciones». Otros preferían una Junta Militar. Los constitucionalistas de puro cuño, centrados en torno a Hernando Ramírez, se convirtieron en minoría dentro del movimiento que habían creado. Retuvieron sin embargo el control. Gozaban de un gran prestigio y eran el alma de la conspiración; sin ellos, los demás quedarían reducidos a una colección de pequeños grupos aislados. La fuerza principal de la conspiración eran dos de los tres batallones de élite del EN, 1,600 hombres ubicados en los campamentos 27 de Febrero y 16 de Agosto a unos pocos kilómetros al norte de la capital. En la misma zona estaban la Jefatura del EN, con unos 100 soldados, y el batallón de artillería del EN, con unos 250 hombres con armamento pesado. En total, una fuerza de choque de 2,000 soldados, a pocos kilómetros de la capital. Se esperaba que el tercer batallón de élite del EN, el balaguerista Mella, se sumaría rápidamente a la rebelión. El retorno de Bosch a la presidencia le per- mitiría a Balaguer regresar al país y correr en las próximas elecciones presiden- ciales, que tendrían lugar a fines de 1966, al terminarse el mandato de Bosch. Las demás unidades del EN, que totalizaban unos 9,000 hombres, esta- ban mal armadas y mal entrenadas, dispersas a lo largo del país; cada ciudad tenía su fortaleza con unos 200 a 300 soldados. Los constitucionalistas tenían partidarios en algunas fortalezas. Estos partidarios, y el oportunismo de los jefes, presuponían que estas unidades se incorporarían prontamente a la insurrección. Wessin estaría en contra, ya que él era el hombre fuerte de Reid Cabral, la espada detrás del trono. Un levantamiento contra Reid Cabral era, por definición, dirigido contra él. Pero los líderes del movimiento consideraban a Wessin, correctamente, como un jefe inepto. Solo no se atrevería a actuar. Y estaría solo. La Fuerza Aérea tenía unos 3,000 hombres; 2,000 de ellos y la mayoría de los aviones estaban en la 19 de Noviembre, donde el Movimiento Enriquillo tenía numerosos partidarios. Estos se habían comprometido a obli- gar al general De los Santos a sumarse a la rebelión y a lanzar los aviones contra el CEFA, si Hernando Ramírez así lo ordenaba; en el peor de los casos, prometían, la base quedaría neutral.
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