Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
122 Los rasgos del Estado de la posdictadura (1961-1966) En ese contexto histórico, las circunstancias de unas elecciones no com- petitivas, celebradas a la lumbre de la pólvora de los vencedores, no encon- traron una población sin ataduras ni dependencias y celosa de su poder de delegación democrática. En aquel momento, pesó indudablemente el escaso tiempo para la organización de las elecciones y el desarraigo de los partidos políticos como máquinas electorales, ya que el Partido Reformista, apenas de reciente formación, no estaba establecido territorialmente; y el PRD, estaba forzado a limitar su campaña electoral por los apresamientos e intimidación de sus dirigentes. Lo anterior nos empieza a situar las condiciones que dieron lugar a la manera en que la gente fue colocada frente a la urna, en palabras de Annino «[…] cómo se hizo para construir al votante». Veamos. El memorando preparado en Washington el 14 de marzo de 1966 por W. G. Bowdler, funcionario de la Casa Blanca, detalla la estrategia a ejecutar —por vía propia y por vía del presidente provisional que Washington había designado—, y uno de los objetivos fue el de lograr la mayor afluencia de gente a votar, por motivos tendenciados. 59 Para lo cual Washington instó al gobierno provisional y a otras instituciones a empeñarse con efectividad para lograr que la mayor cantidad de gente acudiera a las urnas y que, además, se obtuviera un ambiente de tranquilidad. Según el memorando, en este come- tido deberían involucrarse —como lo hicieron decisivamente— las potentes radio y televisión estatales, las escuelas públicas, la poderosa Iglesia Católica, la Comisión Electoral de la OEA. Y el interés marcado de la participación elec- toral estaba dirigido al campesinado y a las mujeres, considerados —sea por conocimiento político y encuestas— como los más conservadores que podrían favorecer la candidatura apoyada. A medida que los aprestos se acercaban al día de los comicios, disminuyeron los requisitos del procedimiento electoral que, además de no disponer de un padrón electoral, permitieron votar sin cédulas a las mujeres mayores de 25 años de edad. De esta manera se auspició como elector y electora a las personas socia- lizadas y adocenadas en el transcurso de las elecciones sin opciones celebradas durante la pasada dictadura trujillista. Se procuraba el consentimiento de la gente por encima de la constitución de un sujeto elector que actuara en función de una elección racional y motivada. La lenta y parcial normaliza- ción cívica vendría mucho después, pero en estos momentos de pacificación social, conjuntamente con una serie de métodos represivos, estas peculiares elecciones de 1966 contribuyeron a limitar la posible tentativa del pueblo o de la muchedumbre a volver a emerger como sujeto político individual, demandante de derechos y de enfrentamiento a un orden extremadamente injusto.
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