Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
Historia general del pueblo dominicano 123 En el accidentado proceso de transfiguración y pacificación social de los conflictos, las elecciones de 1966 introdujeron un rasgo despolitizador que perdura hasta la actualidad en pleno siglo xxi , y es el de la confrontación del sujeto elector a una decisión electoral a partir de un binarismo con una aguda tensión de suma gravedad: paz versus guerra, orden versus caos, democra- cia versus castrismo o comunismo, tranquilidad versus desorden, progreso versus retroceso. Esta disyuntiva se escenificó a través de múltiples recursos de difusión como fueron los discursos electorales y por todos los medios propagandísticos, pero también a través de la intimidación de los militares a la población. En un programa radial, Francisco Augusto Lora, a la sazón candidato vicepresidencial, a tono con los miedos esparcidos por los culto- res de la Guerra Fría, estableció la seriedad que comportaban las opciones que enfrentaba el elector de 1966 entre: «[…] la repetición de la experiencia cubana y el establecimiento de la democracia representativa con orden y justicia para todos». 60 Las opciones frente a las que se coloca al sujeto elector han variado en el transcurso del tiempo, pero los fundamentos de los términos binarios del peligro y la de alentar el miedo de las elecciones de 1966 se mantienen todavía hoy en día. Estos son de dos tipos: el primer fundamento es el de alentar el miedo en función de las inseguridades epocales o del momento, tales como el derrumbe de la sociedad, de la familia, la fractura del régimen de propiedad privada, la desintegración de la nacionalidad a causa del peligro haitiano, los desvaríos o el desplome de la economía, la incontenible capacidad destructiva de la muchedumbre, la azarosa conducción gubernamental. En síntesis, una de las bases de la transformación en sujeto elector y de su encaminamiento a la participación electoral fue la de alentar los miedos e inseguridades y delimitar opciones que amenazaran a la colectividad y al individuo de una manera peligrosa o catastrófica. En la mayoría de los ca- sos, se ha nutrido de la divisa tan conocida de orden y progreso. El segundo fundamento del binarismo calamitoso es el terreno moral en el que se desen- vuelven las opciones, que a fin de cuentas remiten al bien versus el mal. En la historia electoral de la Francia del siglo xix también se acudió a las opciones binarias de orden moral. Al analizar lo ocurrido en el país galo, Y. Deloyé proporciona pistas y criterios para comprender este fenómeno; él escribe que el uso de ese tipo de binarismo electoral pretende «desplazar los términos de la competición electoral de una esfera política […] hacia una esfera moral que legitima la intervención del clero sobre el “terreno electoral”, pero también la utilización por los electores de criterios morales o religiosos para seleccionar a los candidatos y opinar “políticamente”». 61
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