Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

Historia general del pueblo dominicano 121 política injerencista norteamericana, así como el inicio de la estructuración del Estado y del orden político autoritarios no podía esperar a que el mecanismo de la lenta interiorización de las virtudes de la delegación democrática diera sus frutos. En estas elecciones encadenadas a un estado de sitio, como es sabido, el asedio intimidatorio de las tropas de ocupación a los militares leales al candidato Juan Bosch fue de tal forma que le hicieron pensar que su vida corría peligro y, en esta situación, no realizó ninguna campaña electoral en contacto con la población. A partir de documentos oficiales de Washington o de sus funcionarios en el país, periodistas, entrevistas, observadores extran- jeros, existe una cantidad de información contundente acerca del arsenal de recursos utilizados para incidir, manipular y falsear las elecciones de 1966. 56 Al analizar esta información, sale a relucir que los ejecutores del conjunto de tales acciones fueron los militares dominicanos —asentados en todo el territorio nacional— y fuerzas paramilitares, en los que descansaron la inti- midación, los asesinatos políticos, la actividad propagandística y la coacción totalmente desembozada; en los dirigentes políticos que conocían al dedillo los métodos del trujillismo y se nutrían de la larga tradición de relaciones de dependencia, ardides y prácticas fraudulentas que caracterizan la historia electoral dominicana; y finalmente, la presencia norteamericana que, además de la intimidación, se hizo valer de recursos modernos (estudios, estadísticas, encuestas, formas de propaganda política, guerra sucia), de inteligencia y de especialistas en manipulación de elecciones traídos para tales efectos. 57 No me detendré en los resultados electorales espurios ni en las acciones de manipulación electoral que les favorecieron, puesto que si se pretende conocer más sobre la pacificación en curso por parte del Estado en el ámbi- to electoral, es conveniente prestar oídos a la reflexión del estudioso de los procesos electorales A. Annino cuando dice: «[…] la historia del voto no es tanto la de quién vota, sino de cómo se hizo para construir al votante y al voto a partir de ciertas condiciones». 58 Así, en toda la vida republicana, las mayorías habían participado activamente en el 1962 en una sola experiencia de sufragio competitivo y en un ambiente de relativas libertades. Por lo tan- to, aunque una parte de la población tenía grandes expectativas cívicas con relación al ejercicio del voto, en contraste, otra parte significativa mostraba actitudes como la del consentimiento, provenientes del pasado autoritario. En general, las mayorías no habían sido socializadas en torno a un aprendizaje y motivación propios a la activación electoral ciudadana, y, en ese sentido todavía en las mayorías no se encontraba generalizada la figura del sujeto elector normalizado o socializado en torno al proceso democrático.

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