Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
Historia general del pueblo dominicano 119 contiendas por el poder a través de las elecciones y, al mismo tiempo, un encuadramiento político de la diversidad de los miembros de la comunidad política. No se debe olvidar que las elecciones son, al mismo tiempo, un asun- to político y una técnica; un espacio para la consulta popular, pero un espacio ordenado, reglamentado y limitado. Para esa consulta, como P. Gueniffey y O. Ihl la han analizado agudamen- te, el pueblo es diluido en una asamblea de ciudadanos-electores, en la que no tienen acceso a la palabra o al debate, sino que están sometidos a proce- dimientos que los aíslan individualmente en la caseta electoral para habilitar su expresión en una boleta, estructurada por otros, y sometida para recoger estrictamente la opinión sucinta del sujeto elector entre opciones previamente determinadas. 50 Patrice Gueniffey reflexiona que desde los inicios de la adop- ción de la democracia representativa (en la Revolución francesa y desde el nacimiento del sufragio universal masculino, luego de los acontecimientos de Francia en 1848), en las elecciones se manifestó una tensión, que permanece irresuelta, entre el sujeto ciudadano y el pueblo. 51 Más allá del acontecimiento electoral, la visión de conjunto es suminis- trada por I. Sommier cuando escribe: «Las bases del proceso de pacificación social se inscriben en un movimiento de institucionalización del conflicto. Más allá de toda consideración moral, la concesión de derechos políticos y sociales realzó, al igual que el sufragio universal, la necesidad de desactivar la amenaza de insurrección de las “clases peligrosas”». 52 En el país esa ame- naza —o la creencia en ella— había acontecido en la víspera de las anteriores elecciones de 1962 y, sobre todo, en la Guerra de Abril de 1965. Este impulso a la modificación de los conflictos y a su pacificación social con su conducencia hacia la contienda electoral de 1966, que inaugura el ciclo electoral, estuvo precedido y acompañado, en el ambiente de la posguerra, por una intensa pacificación física. Organizadas en un ambiente ajeno al clima mínimo de libertades y competencia que las podrían hacer merecedoras del calificativo de «limpias y libres», las elecciones de 1966 fueron presentadas, sobre todo para los me- dios de comunicación del exterior, como la justificación de la intervención norteamericana en vista de que la celebración de esos comicios impulsaría al país a la estabilización y el encauzamiento democrático. Como ya hemos visto, Herman y Brodhead, al estudiar los patrones de las intervenciones en Santo Domingo, El Salvador y Vietnam, concluyeron que «la notable mayoría de «las elecciones libres» se han usado para tranquilizar a la población esta- dounidense, desactivar la oposición en los Estados Unidos, y, en efecto, ratifi- car las estrategias intervencionistas norteamericanas en curso», 53 además, por
RkJQdWJsaXNoZXIy MzI0Njc3