Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
Historia general del pueblo dominicano 117 con el ambiente masculino predominante. Igualmente, Carmita Landestoy le da otro giro a la tuerca, al indicar que con las elecciones que incorporaron el voto femenino, cobró impulso la cedulación de las mujeres con los incremen- tos consabidos de recaudación y control poblacional. 49 Aparte del significado de estas elecciones, queda por relacionar el pro- cedimiento de las elecciones con el tipo de funcionariado electivo que surge de ellas. Entre el déspota, sus allegados o la coalición, por una parte, y el personal electo, media ciertamente un procedimiento artificioso y sesgado, que parecería que el acceso al cargo pasaría por ese mecanismo y, por tan- to, la destitución o cambio del personal electo debería esperar hasta tanto se celebraran nuevas elecciones. Así figuraría una cierta distancia entre el que emite el dictado de quién será electo y el funcionario electo, por ejemplo, un legislador, ya que mediaría un procedimiento establecido con fechas ajenas a la voluntad del soberano. Con la mediación de unas elecciones, por sesgadas que sean, se pudieran acaso desdibujar los rasgos del personal patrimonial que caracteriza esta eta- pa, a saber, los servidores patrimoniales dependen directamente del señor o déspota, quien ejerce su arbitrio o capricho; su acceso al cargo y el desempeño del mismo se basan en relaciones de subordinación al jefe o señor, en lugar de basarse en funciones descritas o en un acceso previsto por la ley o por normas administrativas. Sin embargo, una argucia limitó el posible efecto de la mediación sesgada de las elecciones: la firma de una carta de renuncia sin fecha al aceptar la posición electiva, confirmaba los rasgos patrimoniales indiscutibles de dependencia de los elegidos. Así, el Estado propició en 1942 una extensión sin precedentes de los derechos políticos con el otorgamiento del derecho al voto a las mujeres, se derrumbaron en los textos normativos las barreras que impedían la igualdad en la capacidad política de hombres y mujeres y se lograron mayores niveles de legitimación e integración mediante la movilización pasiva y la adhesión de cientos de miles de mujeres al orden estatal como espectáculo de poder en torno a elecciones. En todo caso, cada una de las elecciones patrocinadas por Trujillo intentó cumplir diferentes funciones según la coyuntura y la motivación, pero siem- pre fueron elementos de captación, de coacción ejemplarizadora y de some- timiento y adhesión al orden autoritario. Con estas claves explicativas de las elecciones de 1930 y 1942 sin alternativa ni libertad, se aprecia que ellas sobre- pasaron el rol de apariencia y de simulación de procedimientos democráticos, y se desplegaron como dispositivos de legitimación del orden autoritario, de canales de movilización activa o pasiva y de adhesión, así como de cohesión en torno a las figuras reales y simbólicas del mando. En todo caso, jamás una
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