Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
114 Los rasgos del Estado de la posdictadura (1961-1966) investigadores, tales elecciones no funcionaron como una fuente de legiti- mación y de cohesión; por el contrario, estudios acuciosos como el de J. de Galíndez las han calificado de falsas y de una legalidad aparente 43 y el de J. Jiménez Polanco de una simulación para ocultar al autoritarismo y respon- der a las presiones del exterior. 44 Aunque parcialmente atinadas, estas apre- ciaciones son enunciadas desde el punto de vista del funcionamiento de una democracia, en lugar de concebirlas desde la realidad autoritaria en que estas consultas comiciales se originaron. Situarse en la perspectiva de un Estado autoritario resulta más fructífe- ro para ampliar el espectro de explicaciones de estas elecciones sin opciones , sin libertad para elegir y restringidas a un ambiente plenamente coercitivo y fraudulento. En primer lugar, las situaré en el contexto fundacional de 1924 correspondientes a los inicios del régimen electoral, tal como lo conocemos hoy en día. Y a seguidas, enfocaré las elecciones de 1930 y 1942 en el entorno de la continuación de la penetración del Estado en el territorio y en la vida política. Desde la propia realidad del autoritarismo, plantearé, a manera de esbozo, varias claves explicativas del recurso a las elecciones no competitivas como cohesionadoras y como fuentes de legitimación. El contexto fundacional para estas elecciones de nuevo cuño lo sitúo en las condiciones impuestas para la desocupación militar norteamericana de 1924, las cuales precipitaron la creación de nuevas instituciones electorales que, en el entramado institucional del Estado, darían desde entonces sus- tentación a la práctica comicial y, como explicitaré enseguida, al fortaleci- miento de la adopción, ciertamente cínica, del recurso a las elecciones sin ningún rigor, como forma de encauzar la participación y movilización de sectores y procurar cierta legitimación. Se establecieron nuevas instituciones para la organización y el ejercicio de la autoridad comicial —la Junta Central Electoral—, se introdujo la representación de las minorías y, tan importante como todo lo anterior, se produjo una diseminación territorial de las mesas electorales que abarcó la zona rural, no cubierta hasta ese entonces. En el mar- co de las exigencias de elecciones concurrentes que efectuaron los ocupantes norteamericanos, se activaron las formaciones partidarias tradicionales y nuevas, y se celebraron elecciones nacionales con la obligada presencia de las tropas de ocupación. Una vez escogidas las máximas autoridades mediante estas «elecciones» tuteladas, la ansiada desocupación militar se realizó el 12 de julio de 1924. Fue indudablemente una lección para todos, amarga para uno de los can- didatos, Francisco José Peynado, quien por defecciones en sus filas hubiese preferido, tal como lo externó, renunciar a su participación en la contienda,
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