Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
Historia general del pueblo dominicano 673 ejecutoria que avale la consagración al género de más largo aliento. Autores que han dedicado su vida al cultivo de la poesía o el ensayo han sorprendido con la publicación de una novela, como Pedro Mir con Cuando amaban las tie- rras comuneras , Manuel del Cabral con El presidente negro , Manuel Rueda con Bienvenida y la noche . La obra novelística de nuestro novelista más eminente, Marcio Veloz Maggiolo, pone de manifiesto la veta creativa de la identidad y la memoria. Como dije en su oportunidad, hay un tipo de memoria, que llamo memoria vicaria, mediante la cual el recuerdo ajeno despierta la memoria propia y, en su defecto, permite aprovechar la experiencia ajena y convertirla en materia para la creación literaria, como sucede con la memoria histórica que permite husmear en el pasado hasta convertirla en fuente y sustancia del novelar. La memoria vicaria no ha sido explotada, como recurso creativo, en la novelística dominicana, como lo ha hecho el autor de La mosca soldado . Los grandes problemas nacionales sectorizados en las zonas regionales del país han gravitado en la novelística criolla, razón por la cual ha predomi- nado la tendencia histórica con el inexorable modo de ficción realista, pero con el advenimiento del Movimiento Interiorista ha comenzado la aparición de novelas inspiradas en el modo metafísico de ficción. Las novelas dominicanas más representativas son: Enriquillo , de Manuel de Jesús Galván; La sangre, de Tulio M. Cestero; La Mañosa, de Juan Bosch; Over , de Ramón Marrero Aristy; Guazábara , de Alfredo Fernández Simó; En su niebla , de Ramón Lacay Polanco; Escalera para Electra , de Aída Cartagena Portalatín; Solo cenizas hallarás , de Pedro Vergés; Las devastaciones , de Carlos Esteban Deive; Lucinda Palmares , de Diógenes Valdez; Goeíza , de Manuel Mora Serrano; El reino de Mandinga , de Ricardo Rivera Aybar; En el tiempo de las ma- riposas , de Julia Álvarez; El asesino de las lluvias , de Manuel Salvador Gautier; La mosca soldado , de Marcio Veloz Maggiolo y Memoria del horror hermoso , de José Bobadilla. En fin, en tanto narrador que ausculta la voz de su pueblo, la impronta epocal y la huella de la intrahistoria, el novelista se nutre de realidades, auxi- liándose de la tradición, el lenguaje, la memoria, la imaginación y la pasión. El sentido etimológico del epos griego, base de la épica que anima la «narración verbal» o la «palabra narrante» de la epopeya cuya evolución desembocó en el novelar moderno como enseña Wolfgang Kayser, despierta la curiosidad histórica por los orígenes, inclinación que subyace la vocación de novelista y lo motiva a escribir aventuras y pasiones. Lo que una historia de aventuras y pasiones puede aportar ha de estar engarzado al sueño de la sociedad, motivo de creación novelística. Ya no
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