Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
670 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 Marcio Veloz Maggiolo; La balada de Alfonsina Bairán , de Andrés L. Mateo o El testimonio , de Ramón Emilio Reyes. Mientras La vida no tiene nombre , de Marcio Veloz y El terrateniente, de Manuel A. Amiama, ubican sus historias en el Este del país; Carnavá , de Ángel Hernández Acosta ; Pablo Mamá , de Freddy Prestol Castillo y Los Carpinteros , de Joaquín Balaguer, reviven el ámbito cultural sureño de la tierra domini- cana. En cambio, novelas como Goeíza , de Manuel Mora Serrano; El rastro de Caín , de Rosa Julia Vargas, y Al cruzar el Viaducto , de Artagnan Pérez Méndez, se desarrollan en el Cibao. En las letras dominicanas actuales hay un impulso del novelar con autores consagrados y bisoños. Citamos los nombres de Eduardo Álvarez ( El Fuerte de la Navidad ), Tirso Toribio ( La muerte de Jacinto Mendoza ), Sueko ( Rapto ), Andrés L. Mateo ( La balada de Alfonsina Bairán ), Frank Núñez ( La brega ), Manuel Rueda ( Bienvenida y la noche ), Bruno Rosario Candelier ( El sueño era Cipango ), Avelino Stanley ( Catedral de la libido ), Máximo Vega ( Juguete de madera ), Rafael Peralta Romero ( Residuos de sombra ), Manuel Salvador Gautier ( Tiempos para héroes, Serenata, El asesino de las lluvias ), Edwin Disla ( Vida de un tormento, Período de sombras ), Manuel Matos Moquete ( Los amantes de abril ), José Enrique García ( Una vez un hombre ), Efraim Castillo ( Guerrilla nuestra de cada día ), Luis R. Santos ( Un amante discreto ) y Miguel Solano ( Las lágrimas de mi papá ). Los novelistas de la Generación del 90, animados por la búsqueda de la identidad, han tenido una importante presencia en la diáspora dominicana en los Estados Unidos de América con Julia Álvarez ( De cómo las muchachas García perdieron el acento , En el tiempo de las mariposas, En el nombre de Salomé ), Viriato Sención ( Los que falsificaron la firma de Dios ) y Tomás Modesto ( Los cuentos de Mount Hope ). La voz de la mujer se ha destapado en la novelística criolla con los nom- bres de Carmen Imbert Brugal ( Distinguida señora ), Emelda Ramos ( El despojo ), Emilia Pereyra ( El crimen verde, Cenizas del querer, Coctel con frenesí ), Martha Rivera ( Se me olvidó tu nombre ), Mélida García ( Laberinto ), Ofelia Berrido ( El sol secreto ) y otras. Lo que no tenía nuestra novelística del pasado, que ya lo tiene en el presente, es un pensamiento fraguado en sus alforjas narrativas. Carecimos de una visión del mundo expresada en la novelística nacional. Lo que los alemanes llaman Weltannschauung , ese horizonte conceptual o filosófico a través del cual canalizamos verdades profundas en la manera de asumir e in- terpretar la realidad, tuvo una débil presencia en nuestras novelas anteriores. Ciertamente las novelas constituyen un canal de la dianoia , es decir, una expre- sión de las ideas que mueven las corrientes intelectuales o las motivaciones
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