Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
666 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 tendencia experimental, con la Generación Mágico-Realista de 1960 y la Tendencia Interiorizadora, con la Generación Identidista de 1990. Por su entronque con la realidad social, 3 el novelista es el escritor que da el testimonio más completo de su tiempo, al explorar los secretos de la intrahistoria o bosquejar la radiografía espiritual de su sociedad. Según Georg Lukács, la novela responde a una búsqueda «demoníaca» de los verdaderos valores que transforman el mundo degradado, de manera que el héroe se comporte como ser antagónico respecto a la realidad que cuestiona o recha- za. 4 Si la novela es un reflejo de la madurez sociocultural de un pueblo, el novelista capta la realidad en sus expresiones antropológicas, sociales, psi- cológicas y culturales. El novelista toma en cuenta aspectos que a menudo margina el historiador, el periodista o el sociógrafo, pues como dijera Alberto Zum Felde, «la intrahistoria no la escriben los historiadores sino los novelis- tas». 5 La intrahistoria comprende lo que no se ve, lo que subyace en la base de hechos y conflictos que, al menos para el novelar que ausculta el trasfondo de la historia, es más importante que lo que se ve. Desde el punto de vista del modo de ficción, la novela dominicana ha oscilado entre el modo realista y el modo imaginario, con una ocasional incur- sión del modo trascendente. 6 Hasta la fecha el tercer modo de ficción, el modo trascendente o metafísico, solo cuenta en la novelística dominicana con cuatro novelas adscritas al ámbito de la realidad trascendente: Frondas alucinantes de Alfredo Fernández Simó, El sueño era Cipango de Bruno Rosario Candelier, La mosca soldado de Marcio Veloz Maggiolo y El Sol secreto de Ofelia Berrido. El novelista ha de pensar como narrador, en cuya virtud crea mundos imaginarios, escenas narrativas ficticias, personajes inventados. Si correspon- de al poeta pensar en imágenes sensoriales, el novelista ha de crear mundos imaginarios a través de los cuales formaliza hechos, personajes y ambientes que concibe su ficción, que mediante la estructura del género, organiza obse- siones y proyectos, funda tramas y vivencias, coordina hechos y apelaciones creadoras. El novelista nutre su ficción en los fondos dramáticos de los con- flictos profundos, razón por la cual ha de ahondar en las raíces de los aconte- cimientos que afectan a la sociedad. Pero como nos advierte Lionel Trilling: «[…] somos criaturas de la época, criaturas del sentido histórico, no solo como lo fueron siempre los hombres, sino en un nuevo sentido desde los tiempos de Walter Scott. 7 La realidad sociográfica dominicana pautó en el pasado la primacía de la novela tradicional con el predominio de la sociedad rural y, con el auge de la sociedad urbana en los tiempos contemporáneos, la primacía de la novela moderna. La modernidad en la novelística cuenta con un valioso precursor
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